José se respalda sobre su silla con apoya brazo y asiento de lona, mientras observa a Victoria, que con la mirada perdida, mira desde su silla el campanario de la catedral, como tratando de poner su mente en blanco
Victoria había invitado a José a tomar un café ese domingo en la tarde, con intenciones de conversar de cualquier cosa.
Lo importante, piensa, es consumir horas del día. Fundamentalmente, de los domingo por la tarde y por alguna razón, de ese domingo en especial
La ciudad parece acompañar el estado anímico de Victoria, muy poco tráfico, muy poco transeuntes caminando con lentitud y despreocupados.
Es como si un gigantesco manto de desgano cubriera a toda la ciudad.
Si hasta los semáforos parecen embolados al cambiar a “verde”, para que nadie pase.
Sin embargo la temperatura es agradable y la brisa del sur se filtra a través de la camisa acariciando con suavidad la piel, generando un placer casi sensual.
-Don José, ¿le traigo hielo para su gaseosa? –Pregunta Eduardo Franco, que le encanta decir “Me llamo Eduardo Franco pero no canto con Los Iracundos”. Un pibe de uno 26 o 27 años muy agradable al trato, que trabaja en la confitería de la calle Rivadavia y Mendoza.
-Si, por supuesto. –Contesta José y agrega, -y mostaza para el tostado de la señora.
– José ya se imagina lo que le pasa a Victoria, sin embargo, la espera para que ordene sus ideas, razone y le transfiera sus inquietudes
Victoria lo mira a José a los ojos, le sonríe, baja la mirada para mirar sin ver sus uñas de la mano derecha, a las cuales acaricia con su mano izquierda.
José estima que es el momento de ayudar a destrabar el nudo en la garganta, para que comience a contar lo que le pasa.
– Victoria, que te pasa qué tienes esa cara de mate lavao con ojitos de carnero degollao.
-Se ríe José y se ríe Victoria. – Así con una broma y con risa José logró sacarle el tapón en la garganta que la asfixiaba.
-Necesitaba un amigo, hoy te necesitaba y aquí estás, como el único mejor buen amigo que tengo. Te agradezco mucho José. –Le expresa Victoria
-No te hagas problema, con quinientos mangos lo resolvemos.- José continúa con el tren de bromas, se ríe Victoria y entre bromas tontas y risas frescas, José logró hacer aterrizar a su amiga en la tarde lánguida pero bonita de la ciudad.
– Es que los domingos en la tarde se me hacen insoportables, me deprimo mucho, y me dan ganas de llorar, mis hijos se fueron cada uno por su lado y me dejaron sola.
Y no quiero quedarme en casa, se vuelve muy silenciosa, oscura, parece que se agrandan los espacios, y no hay un sillón que me quede cómodo para poner el culo.
Me niego a encender el televisor para ver la mierda que pasan y no me puedo concentrar ni para leer un libro.
¡No sé dónde ponerme el domingo en la tarde!, si fuera un florero, seguro tendría un lugar destinado.
… Así que te llamé
Gracias por escucharme y discúlpame por usarte como salvavidas.
-Victoria finaliza su elocuente y populachera, pero sentida introducción.
-¿Y tú “relación”?. – Pregunta José
-Ya fue, ya es historia, terminó siendo un pelotudo importante. -Victoria desbocada, define así, el final de una historia fugaz.
-Te propongo un ejercicio de razonamiento puro, eso significa libre de pasiones y emociones.- Le propone José
-Filósofo callejero y salvavidas de almas en penas, ¿qué me propones?
-Que razonemos juntos, que entendamos y definamos juntos el problema que te aqueja y que no es el “síndrome del domingo por la tarde”, sino que más bien parece que se agudiza en estos días de domingo, ¿te parece?- Propone José
-Dale, parece interesante. – Victoria se acomoda en la silla para estar atenta a los desafió que la va a someter José en cada recodo de la charla. Lo conoce y sabe que su cuestionamiento la obligará a pensar.
– Me parece que el pobre domingo por la tarde no tiene ninguna culpa. Más bien creo que se trata de un problema de objetivos personales, cumplidos, no cumplidos, fracasados, e inexistentes.
No sé. Me parece que viene por ahí el tema. –Arriesga José.
-Creo que sí, creo que tienes razón, pero no se trata de objetivos actuales, porque no tengo ninguno.- Se ríe Victoria
-Has dado en la tecla, -apoya José y continua- no se trata de proyectos actuales, por lo que me cuentas, serían los resultados de proyectos viejos, que están impactando en este domingo por la tarde, pero que también impactan los lunes, los martes etc.- Ríe José.
-Se me ocurre que deberíamos ir a buscar información en el pasado. ¿Te parece? –Pregunta José
-Tiene lógica, dale, vamos, viajemos a mi pasado y veamos que resulta. -Se entusiasma Victoria.
José se toma un tiempo, como para ordenar sus pensamientos, respira profundo, toma un sorbo de gaseosa y un mordisquito del tostado y otro sorbo de gaseosa más.
Y nada más que para “cachetear” la atención de Victoria, pregunta.
-¿Que te acuerdas, de cuando no eras ni un bebé siquiera? – Victoria se ríe a carcajada y responde
-Nada tonto, ¿acaso vos te acuerdas? – Y continúa riendo. Objetivo alcanzado, piensa José. Y continúa
-Claro que no te acuerdas niñita, pero sin embargo es posible que la clave esté en esa historia, donde aún no habías nacido, pero ya éramos el proyecto de otros.
De tus padres, de tus hermanos, de tu familia y vecinos.
Y sobre todo ya eras un proyecto de la sociedad.
No habías nacido, pero te codificaron, te compraron ropa de bebé rosada, moisés rosado muñequitas, y un montón de cosas más que te identificaban con una mujercita.
Y listo, Victoria ya está codificada.
– Como si dirigiera una orquesta, José levanta sus dos brazos al aire con sus dedos índice apuntando hacia arriba, da dos giros de muñeca, como si hubiera finalizado una obra maestra de una pieza musical.
Victoria se lleva la mano a la boca para contener la risa y asentir con un gesto aparatoso la obviedad que había expresado José.
-Si es más que obvio que se preparan para recibir a una mujercita, ya todos lo sabían, y si, ¿de qué otra cosa me van a codificar, sino como una mujercita? – Pregunta jocosa Victoria
-Muy bien Victoria, acabas de dar otra clave. La obviedad.
Y te voy a decir algo más que obvio.
Detrás de lo obvio se esconden verdades obvias, pero que no se analizan por qué son obvias.
Es como caminar. Caminamos en piloto automático sin pensar lo que estamos haciendo.
Creo que por ahí debemos seguir.- Propone José.
-¿Y cómo se sigue?- Pregunta Victoria sin entender mucho el juego de palabras de José que sabe que lo hace a propósito, nada más que para obligarla a estar atenta.
–Analizando lo obvio.- Contesta José y continua. -Te habrás dado cuenta que he pronunciado 2 o 3 veces la palabra clave “proyectos”.
Así que querida amiga, piense,… piense…y piense, que esto es muy importante
¿Qué proyectos obvios piensas que tenían para vos, tu familia y toda la sociedad, aun antes de nacer y que luego de nacida se te fue incorporando en tu cabeza como un software, y en la medida que crecías se fue consolidando en tu interior hasta hacerlo propio, muy pero muy, muy propio?- Preguntó José
-¡Shit!, ¿Qué preguntita José?, -responde Victoria –déjame pensar, bautismo, el jardín, la escuela, amigos, andar en bicicleta, nos sé. -Responde Victoria y agrega, – todo lo que se supone que debe hacer una niña.
-Y para cuando fueres una “niña grande”. -Pregunta José poniendo cara de intelectual
-Trabajar, un novio, casarse, tener una familia, hijos, mi casa, no sé, esas cosas. -Responde Victoria
-¿Te parece que le llamemos “proyectos esenciales”?, -pregunta José para continuar, -en definitivas son proyectos culturales de una sociedad, en la que como miembros activos de la misma, los tomamos, los aceptamos, lo asumimos como propios y los ejecutamos.
Creo que es lo que se espera de nosotros
-Por qué “esenciales”. -Pregunta Victoria
-Supongo que hace a la “esencia de una sociedad“, no se, organizarse en familias y mantenerlas. -Contesta José. -Tu lo acabas de decir sin darte cuenta, por que es una obviedad
-Nos fuimos al carajo con el “síndrome del domingo por la tarde”.- Ríe Victoria
-No te preocupes, porque no se trata de ese síndrome, me parece, pero sin embargo para allá vamos. –alienta José a seguir razonando.
Te parece que podríamos resumir los proyectos esenciales en 2 o 3 definiciones?, por ejemplo, propongo: Trabajo y Familia y como subgrupo de los últimos dos, Cosas.
Es la síntesis de lo que dijiste.
Supongamos que esos son tus proyectos esenciales y primarios y también los de cualquiera de nosotros y los de cualquiera que sea miembro de esta sociedad organizada.
-¿La educación no?- pregunta Victoria
-La educación estaría dentro del Proyecto Esencial Trabajo, porque la obviedad, es que vas a la escuela primaria, luego a la secundaria y tal vez a la universidad porque se trata de una capacitación para poder trabajar, en tu madurez, en lo que se supone que te gustará. Obvio ¿no?
Por ejemplo vos, Victoria, has pasado más de 20 años capacitándote para poder cristalizar tu Proyecto de Trabajo de abogada
-Es verdad, -dice Victoria, y continúa- tanto tiempo para capacitarse y luego conseguir un trabajo y después un montón de tiempo para consolidarte. Toda una vida, – reflexiona Victoria
-Muy bien Victoria, creo que tiraste un par de claves para el análisis, tiempo y consolidación. Teniendo en cuenta que ambas tienen que ver con expectativas de futuro.
Se lo incorporamos a los Proyectos Esenciales y veamos qué pasa. ¿Te parece?
-Viejo ladino, creo que voy entendiendo para dónde vas. Dale, te sigo
-Proyecto Esencial 1: Trabajo. – Pregunta José
-Bien, ha pasado el tiempo y estoy consolidada en mi profesión. –Contesta Victoria
-Proyecto Esencial 2: Familia.- Pregunta José
-Un desastre. –Ríe Victoria con fuerza y nerviosa, pero continúa. -Un matrimonio fracasado, un apareja frustrada y un andar como bola sin manija en la actualidad.
No se Consolidó la familia, solo mis hijos son verdaderamente sólidos. – Contesta Victoria.
-Bien, una parte de la familia está consolidada y el fracaso también, por lo que dices
¿Y las Cosas?-Pregunta José
-Bien, muy bien, Tengo casa propia, mi auto. A mis hijos no les falta nada, estudian, tengo computadora, celular e internet, tengo todas las Cosas que necesito y que las logré con mi trabajo
-Bien, ahora aterricemos en este domingo por la tarde y analicemos la obviedad de lo presente. ¿Te parece?- vuelve a preguntar José
-Sí, ya tengo claro, -contesta Victoria – me quede sin Proyectos Esenciales
El Trabajo ya no es un proyecto, es una realidad consolidada. Y es mi éxito
Las Cosas, tengo todo lo que necesito, tambien consolidado. Y es también mi éxito
La familia NO es un fracaso total, mis hijos están enfrascados en sus propios Proyectos Esenciales, y esto también está consolidado. Y si,… también es mi éxito
Pero mi situación personal es de inconformidad. Pero ahora lo veo más claro.
No soy un fracaso total, solo estoy sola y sin ganas, ni creo que sea el tiempo de armar un futuro con alguien y cualquier proyecto en este sentido es harto complejo.
Ya lo experimente. Así que aquí me planto. –Ríe nerviosa Victoria y continúa
-O sea, Mis Proyectos Esenciales, dejaron de ser proyectos, son realidades consolidadas.
Debería entonces darme a la tarea de buscar Proyectos Secundarios, fijar metas y ejecutarlos.
¿Es así José?, ¿a este punto querías llegar?- Pregunta Victoria
-¡Perfectas tus conclusiones! –Responde José eufórico y aplaudiendo
-Fuimos al pasado a buscar la información y la trajimos al presente, le dimos una explicación a tu situación actual y con objetividad nos fijamos en el presente, una base de lanzamiento…
– Ríe José, se toma el tiempo y tararea un música de suspenso, mientras levanta una vez más sus brazos al cielo y sus índices giran en el aire como finalizando una puesta en escena.
– ¡Para parir una Vida Nueva Victoria! Y los partos son con dolor,- reflexiona José
-Pero ésta es con tus propios proyectos.
Pero además creo que tienes un proyecto esencial que puede comenzar a analizar hoy, si quieres.
Ser ¡LIBRE para planificar una vida nueva!. -Casi como le grita José
-¿Te das cuenta?, ¡Sos Libre!, sos libre de los proyectos de otro y ese es tu Proyecto Esencial para satisfacer tus expectativas futuras, aprender a ser libre. –Invita a reflexionar José.
-No entiendo. -Observa Victoria
-Mira. Son todos tus éxitos conseguido por vos hasta el día de hoy. Tienes un trabajo consolidado, tus hijos están grandes y abocados a sus propios proyectos esenciales, y tiene todas las Cosa que te hacen falta y además te sobra el tiempo. Todo eso te da libertad
Eso te ubica en inmejorables condiciones para lanzarte a la búsqueda de nuevos objetivos
No mucha gente consigue llegar a este lugar como tu
Y paradójicamente, son las sumas de todas tus metas alcanzadas, las que te dan también la sensación de “vacío”.
Esa sensación es la que te genera angustia, ansiedad y la incertidumbre que genera la pregunta; ¿y ahora qué?
El que no lo logró, no tiene este tipo de problema, pues todavía está abocado a realizar sus proyecto esencial. Tendrá otros tipos de problemas, pero no éste.
Dime Victoria, ¿me equivoco?
-No José, creo que no, es un buen punto, de hecho, expuesto así, quejarme, sería casi una desagradecida.
-No creo, solo que a veces nos cuesta ordenar las ideas, analizar lo obvio y poner en valor los logros, para saber dónde estamos parados. Y desde donde volvemos a empezar.- Reflexiona José
Victoria termina de comer su tostado, José toma un trago de su gaseosa como preparándose para dar su discurso final.
-La libertad no es un derecho que se regala, se conquista y se cuida. –Afirma José
-Aprender a ser libre, no es fácil, pero es te diría, como un premio. – Luego agrega.
-Como vos, hay muchísima gente, más grande y más jóvenes también, donde parece que el factor común, es el fracaso en el plano sentimental, es decir, no consiguieron consolidar la convivencia con un compañero de ruta.
Pero a veces, en algunos, el estar en parejas, no significa que el sentimiento de la soledad no los embargue también. Y es peor, por que saben que viven en un engaño.
Si bien la soledad es la consecuencia más probable de los fracasos sentimentales, es una realidad también, que el conseguir las metas, te deja un sentimiento doble.
¡Bien, lo conseguí! por un lado ¿y ahora qué? por el otro.
A la suma de todo, hay que adicionarles las particularidades de estos tiempos.
Las realidades líquidas. (Realidades líquidas), por eso lo consolidado que ya tienes, es tu ancla sólida a la estabilidad laboral, económica y emocional.
Es tu punto de apoyo. Y en ese punto, se apoya tu libertad.
Algunos están más heridos que otros, pero todos cargan en la espalda algunos fracasos que los hacen creer que eso, es “TODO” lo producido en 40, 50 o 60 años de vida, un rosario de fracasos.
Pero no es así Victoria, no lo es.
Están los éxitos también, solo que como las buenas noticias, parece que no cuentan o no venden o simplemente no se los enumera.
Muchos se reagrupan y salen a recorrer cerros y descubren horizontes físicos, psicológicos y paisajísticos, inimaginables en otros momentos de sus vidas, y adoptan al senderismo como un deporte
Otros salen a recorrer rutas en bicicletas, o se dedican al arte, o aprenden expresarse de una forma diferente, a través del baile, la pintura o el canto.
La gente se necesita, se acompañan y se juntan. Salen y avanzan y de una forma u otra vencen al domingo en la tarde, al lunes y al martes también.
Porque pueden hacerlo, porque son libres de hacerlo.
Todos llegan a cierta edad teniendo una única perspectiva de la vida, en el que las expectativas se han ido agotando conforme se van logrando objetivos.
Bien, creo que hay que cambiar el punto de observación y obtener una nueva perspectiva de la vida para renovar las expectativas, imprescindibles para imaginar un futuro que permita seguir viviendo.
-Finaliza José
Victoria se introdujo en su mundo, piensa en todo lo que se dijo, se queda en un prolongado silencio, mientras José pide la cuenta.
Se levantan, se despiden
-Gracias José, te agradezco la paciencia y el tiempo. Me dejaste pensando. –Le da un beso en la mejilla y se va. José la detiene un momento
-Victoria, una última. En física de los movimientos, se identifican 6 grados de libertad.
Debes elegir tu grado de libertad, conforme a lo que te suministre la mayor tranquilidad.
Pero recuerda, que la “Libertad Plena”, es una “Vieja Jodida”,-se Ríe José
-¿Como “una Vieja Jodida”? -Pregunta Victoria
-Así es amiga, la Libertad Plena sólo camina de la mano con la Soledad.
¡Chau Amiga!
¿Estas Viva? … entonces ¡VIVE!- Ríen los dos y cada uno se va por su lado
Por José Pepe Alvarez