Ilustración de la Artista Plástica Isabel Fernández (Laisa) con su obra “Tiempo de Luz”, realizado en Óleo sobre lienzo de 1 metro x por 1 metro. Septiembre de 2021.

 

-Ese día, el hombre levanta la mano derecha con el puño cerrado indicando un 10 y la mano izquierda abierta. La señal es inequívoca. Es 15

Mueve la cabeza el vendedor indicando un “No”

-No, por 15 no. Vale mucho más, por lo menos 70 u 80.  Este, es diferente, te lo aseguro. Tiene algo especial. –Dice el vendedor

-¿Que tiene de especial?, solo tienes que marcarlo.

Te ofrezco 20 y levanta las dos manos con los puños cerrados. –Dice el comprador

-Por ese precio no hay trato. Te dije, aunque no lo creas, es diferente, es especial.

–Argumenta el vendedor

-Especial?, que va hacer especial. Es un judío revoltoso. ¿Que tiene de especial, de diferente?, acaso no es un hombre nacido de mujer, es de carne y hueso, y cuando lo lastime brotara su sangre.

¿Dime, qué es lo que lo hace diferente?, ¿dime Judas?, acaso no come y bebe como todos nosotros, y seguro que también tienes sus necesidades. O acaso no mueve sus intestinos y orina como nosotros. Y sino, como creció.

¿No dicen que nació en Belén o en Nazaret?, da igual.

Dicen que nació, no dicen que apareció. Y si nació, nació de mujer.

¿Entiendes?, es un hombre, como vos o como yo. Es solo un hombre de carne y hueso y que sangra si se lo lastima.

Me lo marcas y te ganas 30 denarios de plata. –Ofrece con energía el representante del Sanedrín, algo similar a la Corte Suprema de la Ley judía.

-¡Treinta denarios de plata, solo 30 denarios?. Es lo que hay que pagar por la muerte  accidental de un esclavo a su dueño. Es solo un salario.

Este no es un hombre común, dice que es el hijo de Dios.

Yo mismo lo he visto hacer milagros. 40 denarios lo vale. –Argumenta Judas

-Si te pagamos más de lo que vale un esclavo, estaríamos admitiendo que es un hombre especial. Y eso no puede ser. Son 30 denarios de plata y ni una moneda más.

-La bolsa es arrojada a Judas por el representante del Sanedrín. Y éste la toma.

Acuerdan donde y cuando el traidor marcará a su Señor. La traición se hace efectiva en Getsemaní

Su suerte ya está echada, pero también estaba escrita.

Jesús es llevado prisionero y es el comienzo de su calvario.

El calvario de un hombre de carne y hueso, como cualquiera de nosotros, y por la voluntad de su Padre.


En otro punto de la curva del tiempo

Un día de agobiante zonda en la provincia, en un consultorio de la Calle santa Fe a metros de avenida  Rawson, la doctora, una infectóloga muy reconocida en la provincia, le entrega el informe con la conclusión de los estudios realizados a Juan. El padre de José

Es lapidario, sin esperanza. Es cáncer de próstata con metástasis extendida a los huesos.

José sale del consultorio, el calor es abrazador, se dirige a la plaza Aberastain. Busca un banco. Su cuerpo entra como a convulsionar, pero solo es el movimiento que provoca el llanto contenido.

Debe volver a casa de sus padres, Olga y Juan lo esperan. Ninguno de ellos quiso ir a recibir el diagnóstico. La sola palabra “cáncer” los aterra.

José concluye que debe ganar tiempo, que debe consultar a uno o a varios oncólogos, que le den las expectativas de vida, los tratamientos posibles. Necesita más información.

Piensa para sí mismo, y toma esa opción. Pero necesita que Olga, su madre sepa la verdad. La necesita de aliada para sobrellevar este trance.

Retorna José a la calle santa Fe, donde toma el 12 que lo llevará al barrio del Carmen.

Se baja en la esquina de su casa, va hasta el almacén de la señora Gonzales y compre dos porrones de cervezas bien fría.

Entra a la casa de sus padres, los dos sentados a la mesa tomados de la mano esperando las noticias.

José busca en la alacena tres copas, sirve las cervezas y se sienta en frente de ellos.

-Vamos a brindar por qué tenemos que festejar. –Dice José levantado su copa

-Viejo, vas a tener que someterte a un tratamiento de por vida, vas a tener que tomar medicación y vas a disfrutar de tu jubilación por muchos años más. –José golpeaba con el pie por debajo de la mesa a su madre que lo miraba intensamente.

Ella sabía que José le estaba mintiendo a su padre.

-Viejo, ¿cuántas veces has salido de vacaciones en tu vida?, no más de cuatro.

Bien, enero está próximo, Ya es hora que disfruten un poco de sus vidas. ¡Mar del Plata es el destino!

–José brinda por eso, levantando su copa, sus padres lo acompañan con sus rostros aliviados de tensión. No es cáncer. Lo dice José.

-La calidad de vida de su padre y su madre era la única prioridad, lo demás no tiene solución.

La mentira pesa.

Han pasado los años, y todavia José piensa en ese dia y en esa mentira.

Un año pasó, sus padres se fueron de vacaciones en enero. Gladys, su hija, su pareja Raúl y su nieta Greta se encargaron de facilitar y acompañar el viaje del matrimonio.

Fueron días muy felices.

Juan y Olga, tuvieron el tiempo de acompañarse amorosamente hasta el final.

El comienzo del fin llego en agosto. Es el Comienzo del calvario de Juan.


En el otro Tiempo

-Este hombre no ha hecho nada, no encuentro culpa alguna en él.

Es un problema de ustedes.

A quien debo soltar, ¿a Jesús o a Barrabás? –Pregunta Pilato

¡Barrabás!, ¡Barrabás!, comenzó gritando un grupo apalabrados por las autoridades judías, y luego se le sumaron los aplaudidores.

El resto del pueblo, miraba azorado el desatino.

Es un Hombre bueno, pensaban. Pero solo pensaban. Era un pueblo manso.

-¡Barrabás, suelta a Barrabás! – gritaba la turba

-No tengo nada que ver con este conflicto, que suelten a Barrabás. –Decide Pilato mientras se la lava las manos. Jesús es llevado al patio de armas del palacio.

-¡Descúbrelo en la espalda y azótalo!

¡Azótalo hasta abrirle la carne y que se le vean los huesos!

¡Hasta que sangre por todo su cuerpo deben azotarlo!. –Vocifera el comandante romano con su rostro desencajado por la satisfacción de la tortura ordenada.

Son varias horas. El tiempo, el tiempo no pasa nunca, parece haberse detenido.

Los zotes laceraba y desgarraban la carne del Hombre una vez y otra y otra vez sin cesar.

El látigo, cambia de mano entre los soldados romanos por el cansancio.

Y seguía uno más, y otro y otro azote. Ya se había perdido la cuenta.

Pero el Hombre seguía resistiendo. Su tiempo todavía no había llegado.

-El capitán lo escupe mientras le grita -¡Rey de los Judíos!, ¡Que vas a ser un rey!

¡Traigan la corona!. – Ordena. Y un soldado riendo a carcajada, le acerca la corona de espina y se la coloca en la cabeza.

¡Vamos¡, ¡vamos¡, párate, que tienes que llevar la cruz, ¡Tu Cruz¡, ¡Tu Cruz de Hombre¡ .

-Las risas se extienden por todo el patio de armas

Se abren las puertas de la fortaleza y comienza el largo camino de la agonía. Hay que llegar hasta el Gólgota, el cerro que en latín y arameo significa “Calvario”.

Denigrado, humillado, sangrante, extenuado, sediento, al límite de todo, el Hombre recorre el camino de la muerte.

Llorado, escupido, abucheado y adorado. La muchedumbre se debate en sentimientos encontrados, lo ve pasar, también lo ve caer doce veces.

Doce son las veces las que el Hombre desfallece y doce son las veces que se levanta.

Ese  es el día, pero todavía no es la hora.

Aún debe sufrir más, falta para que el final llegue.

Ya en la cima, es acostado sobre la cruz, sobre su Cruz.

La masa en el aire, baja con fuerza, golpea en el clavo.

Piel, carne, tendones huesos, son desgarrados, desplazados, astillados.

Dos, tres, cuatros mazazos más hacen falta para que el clavo penetre el madero.

El dolor es infinito. La impiedad también.

La otra mano también es clavada.

Los pies se montan uno sobre otro. Dos soldados los sujetan con fuerza. La masa en el aire baja otra vez con violencia. Una, otra, tal vez cuatro o cinco veces golpea la masa, hasta asegurar que el clavo traspasara por los dos empeines y se introdujera en el madero.

La cruz se levanta hasta que el Hombre queda colgado, desgarrándose su carne poco a poco.

El Hombre y Cruz ahora son la misma cosa en esta tierra.

Y lo será para siempre para todos los hombres y mujeres de este mundo. El Hombre y Cruz, son la misma cosa.

A la derecha y la izquierda de Jesús, cuelgan también otros dos hombres.

El Ladrón Arrepentido es uno de ellos, el otro es un Malhechor sin Solución.


En el otro punto de la curva del tiempo

El deterioro de la salud de Juan se aceleró. Los dolores no lo abandonan, pero si las fuerzas.

La medicación ya no ayuda. El cáncer se extiende por todo su cuerpo.

Gladys y Raúl se llevan al matrimonio a Mendoza, a su casa, para asegurar una mejor atención. El gremio de SUPE (Sindicato Unión de Petroleros del Estado) tiene su sede ahí.

Del hombre de estatura media y corpulento, ya no quedaba mucho.

Pasaban los meses, pero no pasaba el tiempo.

Parálisis parcial a lo largo de medio cuerpo, probablemente producto de un derrame cerebral.

Sus esfínteres fueron también tomados. Pañales, solo pañales era su indumentaria en aquellos meses calurosos.

Meses de calvario, de dolor y degradación solo fueron compensados con el reencuentro con sus  hermanas que llegaron de San Juan, informadas del fin próximo.

La degradación de su cuerpo biológico era constante, pero su alma albergaba esperanza

Caminando, sujetado de sus frágiles brazos por Olga, le dice a José que cuando saliera del hospital, volvería a San Juan, al barrio del Carmen, a su casa.

José le promete que volverá y lo llevará a su casa, aun sabiendo que es otra mentira, pero Juan le contesta que no.

-“No te preocupes hijo, que el mismo que me trajo, me va ha llevar”. Afirmó con seguridad Juan.

José nunca pudo confesarle la verdad, aquella verdad que la doctora en San Juan le dio. Y ahora menos. ¿Qué caso tendría?, pensó

Pero, ¿qué quiso decir Juan con “El mismo que me trajo, me va ha llevar”?

La ambulancia esperaba en la puerta, los camilleros entraron al hall de la casa y el Hospital Español era el lugar de destino.


Al otro lado del Tiempo, donde todos los tiempos se juntan

Es la tarde noche de un caluroso día de enero en Mendoza, José avanza en su coche por la avenida San Martín, con su madre de acompañante. Siguiendo la ambulancia  mirando a la distancia el conocido puente de hierro del ferrocarril.

Ahí, unas dos cuadras antes de llegar al puente, está el hospital.

El cuarto es chico, sin ventanas. Una sola cama y dos sillas.

Mejor, piensa José.

Paredes pintadas de blanco. La cama es gris claro. Una mesa de luz verde con laqueado algo saltado por los años y los golpes, y los clásicos artefactos con conectores sobre la cabecera.

En la pared desnuda del frente, solo un crucifijo.

El techo tiene dos niveles, es de los que se conoce como a dos aguas. En el quiebre del techo, un banderola.

La banderola se puede ver desde la posición de la cabecera del paciente.

El bastón con la bolsita de suero colgando. Y la manguerita transparente que baja serpenteante, hasta introducirse en el brazo derecho de Juan.

El dolor es intenso, Juan con su rostro deformado por la hinchazón, los ojos cristalizados, Sus entrañas destruidas por una marea de fluidos ácidos, llenan todo su interior, hinchando su piel hasta casi hacerla estallar.

Juan, hace como que mira la hora en su reloj, que no tiene puesto en su mano izquierda.

Mira la banderola, es de noche.

Por un instante, en esa secuencia de actos, parece que afloja el dolor.

No habla, solo es un largo y rítmico quejido. Olga lo sujeta de la mano.

Cuatro hombres, cada uno con su Cruz, en ese lugar, al otro lado del tiempo, donde todos los tiempos se juntan, y cada uno en su propio tránsito.

-Tengo sed. –Murmura apenas Jesús mientras se desangra lentamente por todas sus heridas.

-¡¡Ahhh!! -Grita de dolor el Ladrón Arrepentido, a la derecha de Jesús

-¡Si eres el Mesías, sálvate tú mismo y baja de la cruz!. – Le grita a Jesús el Malhechor sin Solución, que estaba a la izquierda de Jesús.

-Nosotros padecemos con razón, pues, recibimos justo pago de nuestros actos. Pero este no ha hecho nada malo. -Le contesta el Ladrón Arrepentido al Melchor sin solución

-¡Máma!, ¡Máma¡. –Juan y su dolor, levanta sus manos y con la mirada perdida en algún punto de un universo, que no es éste. Parece que ve a su madre. -¡Máma!, ¡Máma!.

-Vuelve a repetir Juan.

Mira a donde cree tener su reloj, mira luego la banderola y la oscuridad de la noche se mantiene. Todavía no amanece.

Todavía no es el tiempo. Y el dolor no afloja.

Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? –Suplica Jesús

Mamá !, ¡Mamá ! .- Juan llama a su madre

– ¡Acuérdate de mí cuando entres a tu reino!. –Pide el Ladrón Arrepentido a Jesús

-De pronto, algo imposible, verdaderamente imposible, sin una explicación que la razón pudiera afirmar, ocurre;

Juan se sienta en su cama, se persigna, y como puede, balbuce una oración.

José se da cuenta, le advierte a su madre, se pone uno a cada lado y le toman la mano a Juan.

En su balbuceo Juan está rezando la oración, la única oración que enseñó Jesús

Rezan Juan, Olga y José tomados de las manos

…que estas en los cielos

Santificado sea tu nombre

Venga a nosotros tu reino

Y hágase tu voluntad

Así en la tierra como en cielo

Perdónanos nuestras deudas

Como nosotros perdonamos

a nuestros deudores

y no nos deje caer en la tentación

Más líbranos del mal

amén

-Yo les aseguro que HOY estarán conmigo en el paraíso.- Les dice Jesús desde su Cruz.

Jesús dijo HOY, no dijo que un dia vendra. Dijo HOY. Es este día.

Mientras tanto en la habitación del hospital, allí, donde estaba Juan, otro fenómeno extraordinario, grandioso, fuera de toda lógica y razón, ocurría.

Algo muy difícil de poder explicar, no se puede explicar, José y Olga nunca pudieron definirlo con exactitud. Simplemente pasó.

José lo cuenta como algo así, como si un manto invisible, cayera desde lo alto sobre ellos y les recorriera todo el cuerpo. Invadió todo la habitación.

Juan dejó de quejarse, se tranquilizó, maravillosamente, milagrosamente después de rezar, se puso en paz.

Olga y José  también sintieron una paz muy profunda.

Estaban casi felices. Estaban felices. No tiene una lógica humana.

Siguieron tomando de las manos por un rato largo.

Juan miró a José y con una voz más clara le encomienda;

-Hijo aconseja bien a tu madre. Le pide Juan a José

Madre ahí tienes a tu hijo.- Le dice Jesús a María refiriéndose a Juan, el más chico de los apóstoles. Jesús mira a Juan y le dice, “Ahí tienes a tu madre”.

Y así, Jesús la hace madre de todos los hombres y mujeres de la tierra. Es la madre de Dios.

Por la banderola comienza a filtrarse una tenue luz. La luz del nuevo día. Pero todavía no es la hora.. Falta algo.

José se da cuenta y sale apresurado, se dirige a su auto y parte raudo hacia la casa de su hermana y lugar donde vivieron temporalmente Olga y Juan, por la calle San Juan, en la ciudad.

Gladys debe participar de lo maravilloso de lo acontecido.

-¡Es ahora, ve rápido!, todavía tienes tiempo. ¡Él te está esperando!, ¡ve, ve, yo me quedo con la niña!. -Le urge José a Gladys, su hermana

Gladys llega al hospital, toma la mano de su padre, recibe la paz que ya había sentido José y Olga, lo besa en su frente, algo conversan por un minuto. Juan sigue consciente

Por la banderola ya entra toda la luz de la mañana.

Gladys se retira de la habitación.

Todo está cumplido. Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. -Le habla Jesús a su padre.

Ambos Ladrones, inclinan también sus cabezas y mueren. Son las tres de la tarde.

Juan, finalmente y con la luz del día y en profunda paz, abandona, su cuerpo biológico.

Y esa fue la hora. Los cuatros Hombres han muerto. Jesús, El Ladrón Arrepentido, El Malhechor sin solución y Juan.

Los acontecimientos contradictorios de emociones y vivencias de esa noche terrible y extraordinaria, de agonía de muerte y de esperanza de vida.

Todo junto y a la vez, como una continuidad de vida. Hace reflexionar a José en que, al fín entendió la muerte y eso lo reconcilia con la vida.

El entiende que es su deber contarlo para que todos sepan.


En otro lugar

Doña Rosa, la vecina de Juan y Olga, Charo y Susy primas de Olga, preparan la casa de Juan allá en el barrio del Carmen, en Desamparados, porque al fin terminó la larga agonía

¡Juan a muerto!, ¡Juan Vuelve a su casa!, ¡Juan ha muerto!, ¡Juan vuelve a su casa!.

Exclaman las mujeres en la tierra… y las del cielo también.

Por José Pepe Alvarez

Nota 1: Los acontecimientos relatados respecto de Juan y Olga es una historia real.

Nota 2: La obra “Un Tiempo de Luz”, de la Artista Plástica, Isabel Fernández, muestra los elementos del cielo, La Luz.  En la tierra muestra la cruz y el tiempo representado por el reloj. También a la mujer sobre la cruz, en posición de congoja y de larga angustia, esperando que el tiempo se cumpla. 

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