Dedicado a mis amigos/as de la infancia, a los de toda la vida, a los amigos/as del pasado, a mis amigos/as que ya se fueron, a mis amigos/as de la montaña, a mis amigos/as presente, a mis amigos/as futuros, a quienes no pude lograr su amistad, a quienes me olvidaron y a Dios por ayudarme a no guardar en mi corazón enemistades algunas.
Amistades heroicas – Amistades después de la muerte
-¡Dale Tucu!,¡Escapate por el cañadón, luego baja por el acarreo!, a tres kilómetros está nuestro destacamento. – El Correntino Ramiro urgía a su amigo tucumano con el que se habían conocido recién, en el Hércules que los llevó a Las Malvinas.
-Ni en joda me voy hermano. Aquí me quedo con vos hasta el final. ¡No me insistas huevón!
-Vos tienes un hijo que criar, ¡Andate mierda o yo te cago a tiros!, ¡Andate Tucu!, por Dios ándate Tucu!,¡Andate amigo!.
-Le volvió a ordenar a su amigo el Tucu. Muy despacito, solo para él, dijo;
-¡Andate amigo, no te preocupes por mi, que yo voy a vivir en tu recuerdo.
-Pasó una hora, dos, se estaba quedando sin balas, pero mantenía a rayas a los ingleses, la posición de altura, y lo escarpado del cerro, se lo permitía.
No los dejaba avanzar, era solo un rifle contra una avanzada inglesa de 15 hombres. Cuatro horas después, desde que el Tucu se fue, y ya casi amanecía en la fría isla, Ramiro disparó su última bala.
Un par de soldados ingleses ya lo habían rodeado, y desde unos 300 metros le dispararon.
El correntino, solo, estaba parado, mirando, al cielo, su rostro estaba distendido, tranquilo, mientras conversaba con su destino.
Empezaba a levantar sus brazos, cuando una bala lo atravesó a la altura de la axila.
Así cayó Ramiro al barro donde había pasado todo la noche, impidiendo que los ingleses avanzaran y que su escuadrón, se replegara con su amigo Cachito, el Tuco.
-El Teniente inglés, se acercó a la trinchera, y ordenó con voz de mando.
-¡Que nadie profane su cuerpo!
¡Soldado limpie el rostro de ese hombre!, quiero conocerlo.
–Ordena el teniente a un soldado
El Correntino había caído de espalda con los brazos extendidos, como en cruz, y las palmas de las manos mirando al cielo.
De su mano derecha, una cadenita y una cruz colgaba entre la sangre y el barro
Poco a poco se le fue quitando el barro de su rostro de tez morena.
Su luminosa sonrisa invadió el escenario de muerte y desolación, sus ojos miraban al cielo, en paz, una paz, sobre la que aún no se ha inventado palabras para describirla. Así lo sorprendió la muerte.
El Teniente inglés, ante sorprendente imagen, de un niño casi hombre, cayó de rodillas a los pies del soldado argentino. Pero maldita sea. Sí tenía casi la misma edad que su hijo.
El resto de los soldados ingleses, imitaron a su teniente.
Después de una oración y un silencio que pareció eterno, el Teniente se incorporó y ordenó.
-Manden a buscar el mejor lienzo que se pueda encontrar en la fragata, maderas para una cruz y una tabla de un metro por un metro. ¡Y QUE SEA YA!.
El Teniente inglés, tomó la cadena con la cruz, su identificación, una bolsita desgastada de tela, con foto y recuerdos, y los aguardó con mucho respeto y cuidado en su bolsillo sobre la pechera.
El soldado argentino fue envuelto en el mejor lienzo que se pudo encontrar, y sepultado en su trinchera, sobre su cabeza se clavó la cruz que decía “Ramiro Morales – QEPD” y sobre la tabla puesta a sus pies a modo de lápida, el Teniente inglés, con su propio cuchillo grabó sobre la madera;
“Desde este lugar
Fue rescatado por la eternidad
El Angel Niño
El Niño Héroe”
“HONOR Y GLORIA PARA EL”
Pasaron muchos años, y en una humilde casa de un barrio también humilde de Santiago del Estero.
Tres hombres golpean la puerta de la casa
Dos de ellos vestían uniforme de gala inglés, los dos mayores
Un par de viejitos los reciben, un chica con un niño, en brazo -su nieta- y el perro.
Los dos de uniformes, en posición de firme y con la venia militar correspondiente, los saluda.
El Teniente inglés había aprendido a hablar español, solo para esta oportunidad.
-Soy Ryan Taylor, -se presenta- ex teniente de la marina de su majestad de Inglaterra, y vengo señora y señor, a presentarle mis respeto, el de mi familia y el de mi guarnición al valor y al honor de su hijo Ramiro.
El señor que está a mi lado, es mi hijo, que tiene la edad de su hijo.
El menor es mi nieto, que lleva por nombre Ramiro, en honor a su hijo.
También vengo a traerles algunas cosas personales que guarde con mucho cariño y respeto y a contarle que –El teniente tenía la cadena con la cruz en sus manos- Yo y mi familia nos convertimos a la fe de su hijo, esta cruz con su cadena fue exhibida en nuestra casa como una reliquia y derramó muchos, muchos milagros sobre nosotros.
-Sorprendido los dueños de casa, hicieron pasar a las inespèradas visitas, les ofrecieron yerbiao o mate con pan casero y ellos le contaron;
-Agradecemos mucho que vinieran señor, nosotros ya encontramos el consuelo, nuestros corazones están curados, no guardamos ni odios ni rencores, y la presencia de nuestro Ramiro, está siempre rondando por aquí. A nosotros también nos cuida.
Doña Teresa, tomando la cadena con la cruz, le dice al Teniente;
-Agachese un poquito, usted es muy grandote por favor.
-El Teniente se arrodilla frente a la anciana. Y ella le dice;
-…Si esta cadenita con su cruz, obró milagros en su casa, que siga siendo suya, pero ahora, llévela siempre en su cuello.
-Se lo decía, mientras le colocaba la cadena.
– Después de una larga charla entre todos, se despidieron con un sentimiento de amistad profundo.
Del Tuco, solo se sabe que un día al año se va con su familia al Cristo Redentor y ahí pasan el día recordando a Ramiro.
Tenía razón el santiagueño, vivió en su recuerdo por siempre. Y no solo en el del Tucu, en el de sus enemigos circunstanciales, también.
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Amistad pura
-Ella no sabe quién es él, pero él sabe quién es ella.
Y ésta, a pesar de ser una frase escrita tal vez hace muchísimos años, a veces es posible encontrarle una aplicación real en algún barrio de por ahí.
Ese fue el caso de don Aurelio y doña Julia, que vivieron en mi barrio.
A veces pienso que nacieron viejos. Los conocí hace como 30 o 40 años y ya eran viejos.
Su imagen me vino al recuerdo, gracias a otra similar, que vi en Facebook junto con la frase primera, hace unos día.
Siempre caminaron tomados de las manos, y la verdad es que no recuerdo sus voces, casi no hablaban. Cuchicheaba algo entre ellos, de vez en cuando, a veces mientras caminaban, o cuando iban al almacén. Jamás solos, siempre juntos.
Ella no se podía quedar sola, había perdido su memoria, pero confiaba, en la mano que la guiaba. La mano de él.
Sus hijos ya se habían ido hace mucho tiempo del barrio, a veces venían ellos, otras, un par de nietos que los visitaban. También tenían bisnietos. Nadie sabe cuántos.
Un día, como todos los días, Aurelio se levantó, fue al baño, se higienizo, se acercó a la cama a darle en la frente, el beso de cada mañana. Se fue para la cocina a preparar el desayuno.
Leche con un dos dedos de café para ella, leche con mitad café para el. Tostadas solo para el, con mermeladas de durazno u otra, también de fruta. Para ella unas fetas de queso. Todo a la bandeja y vuelta al dormitorio para desayunar juntos.
Corre las cortinas de la ventana, para dejar entrar el sol de las 10 de la mañana e iluminar el lugar.
Se sienta al lado de ella. Le toca la mejilla para que despierte, le habla despacito para no asustarla.
Pero ella no respondió.
El entendió.
Se incorpora con la bandeja y vuelve con ella a la cocina, la deja sobre la mesada. Calienta un poco de agua, la entibia con apenas un poco de agua fría, del baño sacó un esponja y una toalla y fue a donde estaba Julia.
La desnudó, le limpió el todo cuerpo con mucho cuidado, le puso las cremas que le ponía todos los días. Y la perfumó.
Busco de su ropero, el vestido más bonito y se lo colocó, luego la medias de nylon y los zapatos nuevos que tenían más de 20 años. Le arregló el cabello, le puso una trabitas de nácar con perlitas rojas, a cada costado para sujetarle el cabello que bajaba sobre sus ojos.
Busco los aretes que a ella le gustaba y se los colocó, luego la maquillo, y le pintó los labios de color rosado, que le venían muy bien con el color de sus mejillas.
El se fue al baño, donde se afeitó, se bañó, y se peinó. Se arregló las patillas con una tijerita.
De su ropero, sacó una camisa blanca inmaculada, el mejor traje, se puso las medias y se lustró los zapatos antes de colocarselo.
Ya vestido, fue hasta el teléfono, marcó el número y en la grabadora dejó el mensaje;
-Hijo, no te preocupes, nos vamos de viaje con la vieja. Estamos muy bien, saluda a toda la familia y a los amigos de nuestra parte.
-Volvió a la habitación, le dio un beso a ella en la boca, se acostó a su lado y le tomó la mano con fuerza, y entrecruzaron los dedos.
Así los encontró la familia cuando llegaron varias horas después.
Uno de los nietos escribió el siguiente obituario.
“Novios, pero más que novios
Amantes, pero más que amantes
Esposos, pero más que esposos
Amigos para toda la eternidad”
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Amigos por solidaridad
-¡Ahí hay alguien!, ¡muevan el bote hacia la izquierda!, ¡despacio!, ¡despacio carajo!
¡Ya lo tengo!, ¡ya la tengo!, ¡Lo voy a subir!, con cuidado, está helado.
-Mario, desnuda al hombre con rapidez, le frota las manos, los pies, todo el cuerpo, lo abriga con una manta, humedecida por el roció y el agua del mar que salpica, pero rápidamente se la saca y él se acuesta sobre el, para para darle su calor al compañero, pero que desconocía su nombre.
Pide mantas secas, pide agua caliente, pero están en un balsa.
La desesperación es grande, el caos también. Gente flotando por todos lados. Hay poco tiempo para tratar de salvar a los que aun siguen con vida y están en el mar. El agua está muy helada.
Mario decide que al menos, a su compañero lo va a salvar.
Y así hace, lo frota, le transfiere su calor y los envuelve con su propia ropa, así por muchos horas, hasta que hombre comienza a reaccionar y es transferido de la balsa al destructor Piedrabuena, que llegó para el rescate, un día y medio después.
El 2 de mayo de 1982,a las 16:02 horas de la tarde, el primer torpedo impacta en la sala máquina del Aras Gral. Belgrano, una hora después, el barco ya estaba a 4200 metros bajo el agua.
Muchos murieron de frío y por las heridas durante tantas horas de espera, menos el protegido de Mario.
Mario, que vive en un barrio de Trinidad, sabe que ese día, 2 de mayo debe levantarse temprano, él y toda su familia. Deben estar listos a la hora señalada, como todos los años desde hace más de 35.
En otro lugar, otro hombre y su hijo se preparan.
Se despiertan temprano, el hijo ayuda su padre a vestirse con el uniforme de la marina. Lo sienta en su silla de ruedas, lo ayuda a tomar en té caliente y salen a buscar el taxi que los espera.
Un tercer hombre, sale de su casa en el barrio Belgrano, con su instrumento bajo el brazo. Tiene instrucciones precisas de su comandante del RIM 22. Debe ser puntual con el rito que se ha mantenido vivo por años.
Del taxi se baja el hijo, acomoda la silla de ruedas y recién baja a su padre.
Se acomodan los tres y esperan a que al alba rompa en la mañana. Esa es la hora precisa
El Corneta toca su estridente instrumento, se sintió en todo el barrio, los vecinos ya saben de qué se trata. Es en la casa de Mario.
El hombre de pie, sostenido por su hijo, hace el saludo militar cuando la puerta de la casa de Mario se abre.
Ambos hombres esperan el final del toque de Diana, y se abrazan.
Mario saca un pañuelo y con mucho cariño, le limpia la saliva que derrama por la boca de su amigo, fruto de la parálisis facial que padece, a consecuencia de un cáncer que se extiende por todo su cuerpo
El hombre se sienta en su silla de ruedas, Mario lo toma de la mano, saben que este es el último toque de Diana juntos.
Ambos levantan sus manos al cielo y piden;
“Señor por favor
Amigos en el más allá también”
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Amistad , Enemistad – Felicidad, Infelicidad
Análisis
Hace poco, me cuestione el significado de la palabra “amigos”, que como tantas otras palabras, está desgastada, banalizada, por la tendencia a reducir, minimizar, los códigos verbales de los sentimientos, los actos y las cosas.
Los cuentos anteriores, son en parte reales, en partes idealizados y partes novelados.
Es para marcar que la amistad, puede nacer en forma instantánea, espontánea entre dos seres humanos desconocidos, según las circunstancias y como lo sostiene Platón.
Así es como nace la amistad heroica, estoica entre Ramiro y el Tucumano, donde un amigo a consciencia, ofrece su vida a cambio de la de su amigo.
El mismo personaje, Ramiro y su muerte, le ofrece a su enemigo, el Teniente Inglés, una posibilidad de redención, al reconocer en el joven enemigo su valor.
Y en su muerte, el perdón y la amistad más allá de la comprensión del tiempo y del espacio. Tal vez, una relación de amistad por admiración.
El tercer cuento, pone de manifiesto la amistad por la solidaridad, por compasión por fraternidad del amor de un humano por otro humano. El caso del soldado que salva, y la amistad por el reconocimiento y agradecimiento del soldado salvado.
El segundo cuento, y tal vez el más interesante, por que permite llevar el análisis a lo común y cotidiano.
Es el de la amistad, como sustrato de los demás sentimientos positivos entre dos personas.
En las relaciones románticas, con la amistad como origen, como base, como contención, entre una pareja, se monta la pasión, el amor, el compromiso, la lealtad, la confianza.
Probablemente, con el tiempo, la pasión sea la primera en darse de baja, le seguirá seguramente el amor y la lealtad después.
Incluso la memoria y los recuerdos, pueden darse de baja también.
Pero probablemente, la confianza nunca se de baja, y quedará la amistad, con la confianza anidada en su seno.
Esta es la explicación que se me ocurre con el tercer cuento.
Si no, ¿cómo se explica, que matrimonios que fracasan, después de la crisis de la separación, sigan siendo amigos?. A lo mejor, no con el mismo compromiso, pero si solidarios.
O amigos que subieron escalones en su sentimientos o deseos para pasar a ser amantes, luego de un tiempo, donde la pasión se agotó, sigan conservando la amistad.
Creo que en aquellos casos, donde todo se destruye, es por que no se consolidó la amistad.
De los análisis de los porqué, pueden surgir, diferentes posibilidades, por ejemplo, nunca hubo intención verdadera de amistad, solo deseo, desconfianza, especulación, y tal vez temor al dolor a una nueva desilusión.
Seguro que cada uno podrá agregar al listado, muchas más opciones por la cual no lograron construir amistad.
Para la teoría de Platón, la amistad es el principio del valor y de todas las virtudes. Y para Epicuro, la amistad, es el origen que contiene y sostiene a todos los demás sentimientos.
La amistad para mí, es coincidente con la de Epicuro, y también con Platón, pero la justifico, como la vinculación humana a través del alma.
Una demostración por el absurdo, sería por ejemplo que en la amistad, anidara el odio.
Un análisis más cartesiano con pie en el sentido común, podría demostrar por lo opuesto que, la enemistad es el sustrato del odio, el rencor, la venganza, la soberbia, el orgullo, etc. todos los sentimientos negativos
Y como sostiene Epicuro, en la perfección de la amistad se sostiene la felicidad plena.
Y por lo opuesto, en la perfección de la enemistad, se sostiene la infelicidad.
Pero estos conceptos son obvios, todos saben que nadie es feliz, si está enemistado con alguien. Lo absurdo, es no resolverlo, si existieran las posibilidades.
La amistad, no solo es un sentimiento, es también una virtud que se manifiesta entre dos seres humanos de manera consciente y que tiene profundo sentido moral, cuando es recíproco, pero no necesariamente simétrico.
El respeto, la confianza incondicional, la lealtad, el amor por el otro deben estar contenidos en la base de la amistad, junto con la contención y la preocupación por el amigo.
Los sentimientos no son simétricos entre dos personas, no hay forma de medirlos, pero es lógico, al tratarse de dos individuos únicos y diferentes.
La amistad es algo que ni se ve ni se toca. Dice en el Principito.
Es algo que surge de manera casual, espontánea; en algunos casos, inesperada.
Yo le agrego que a la amistad, también se la siembra, se cultiva, se la cuida, se la deja crecer y se debe esperar con paciencia sus frutos.
Se permite que los sentimientos se desarrollen sin cortafuegos. Como la metáfora de El Principito y el Zorro.
Etimológicamente la palabra amistad viene del latín “amicitia”; que significa, afecto puro desinteresado y recíproco.
No obstante, los humanos nos vinculamos en una especie de escala o niveles diferentes de sentimientos, como los que hemos visto, y para los que no tenemos todos los códigos que las definan con más precisión.
Normalmente tomamos el camino de la reducción, devaluando la amistad, diciendo sin demasiada convicción ni compromiso; “Somos amigos”, y en algunos casos nos cubrimos diciendo, “solo somos amigos”, también solemos decir , para abusar; “No te hagas problema, es un amigo”.
Sin tener en cuenta que la palabras “Amigos” es más poderosa que la vida propia, en determinadas circunstancias, y la más necesaria compañía en el camino de la vida.
Por José Pepe Alvarez