La lluvia de la madrugada presagiaba un día algo pesado en cuanto a la humedad, ni bien el cielo se despejara y saliera sol.
José lo sabía, y mientras leía los diarios en su celular sentado en el banco de hormigón de la peatonal Tucumán, observaba también, cómo se transformaba el paseo y la ciudad con el cierre de una importante casa comercial chilena.
Había quedado de juntarse con Víctor, su amigo, a tomar un café, cuando una señora elegante se para frente él y exclama.
-¡José sos vos, qué alegría verte después de tanto tiempo!
-¡Victoria, que alegría!, ¿Cómo estás?. -Contesta José, mientras se levantaba de su asiento para darle un abrazo y un besos en cada mejilla.
-Bueeenaas. -Llegaba Víctor en ese momento y saluda a modo de visualizarse en medio del efusivo saludo entre José Y Victoria.
-Acércate Víctor que te presento a Victoria, una entrañable amiga de hace muchos años.
-Los invita José a presentarse, mientras que con el brazo extendido les indica una mesa vacía en la confitería frente a ellos, que con los restos de un desayuno, acababa de desocuparse.
Sillas de hierro entotoradas con totora plástica negra, algo desteñidas por el tiempo pero con apoya brazos, algo así como la condición uno de José, a la hora de elegir un lugar para sentarse.
Mesa de aluminio ultra liviano que parecen que se te van a quebrar cuando pongas algo en ellas. Pero no se quiebran.
José conoce a Victoria desde hace muchos años, desde que era una flacucha adolescente con fuerte personalidad, las familias estaban relacionadas y desde aquella época les quedó muy bonitos recuerdos, aunque solo la casualidad los juntaba muy de vez en cuando.
Y esta era una de esas casualidades.
Toman asiento los tres, antes de que alguien se les adelante, mientras José urge a una de las chicas a que les limpie la mesa, la desinfecte con alcohol, según el protocolo Covid vigente.
La orden solicitada se formó entre cortados, café con leche, medialunas y tortitas más un vaso de soda grande para Víctor.
-Que gusto me da verte Victoria, hace muchos años que no se nada de ti, ¿Qué es de tu vida?. – Pregunta José.
-Si José, es cierto, hace muchísimos años que no te veía, casi no te reconozco. Sucede que estuve algunos años fuera de la provincia. Me recibí de abogada (el clic de Victoria) y al tiempo me fui a trabajar a Buenos Aires. Y ahora me estoy radicando nuevamente aquí, en San Juan. -Les cuenta Victoria
-Que bien, así que te recibiste, muy bien, al fin lo lograste. Recuerdo que Antonia, tu madre, no le gustaba nada tu idea de venirte a la ciudad. ¿Y seguro tienes hijos?
-Pregunta José
-¡Siii ¡, tres y la mayor me hizo abuela también, de una nena. -Acota Victoria y pregunta.
-¡Y vos?. –Le pregunta a José
-También tengo tres hijos y tres nietos. Y Contame, ¿ a qué se dedica Juan?. –Pregunta José con alguna duda, pues no se lo hacía a Juan viviendo en Buenos Aires.
-Veo que estas muy falto de noticias.
–Ríe fuerte Victoria, ganando tiempo, mientras permite que la moza le sirva el café con leche y dos medialunas, no había desayunado todavía.
Luego, Victoria hace un silencio, mientras la chica les sirves el resto de la orden, después de todo, lo que le quiere contar a José no tiene por qué saberlo la extraña que, circunstancialmente los atiende.
Toma un sorbo de café con leche, muerde la media luna, se toma su tiempo, respira profundo y continúa.
–Te cuento José, venirme a estudiar a San Juan no fue nada fácil, casi te diría que fue una causa del pueblo, la grieta se instaló entre familias y amigos.
-Vuelve a reír a carcajadas Victoria, mientras se limpia los labios de miguitas y espuma del café con leche, como sopando por partecitas los labios con la servilleta de papel, tratando de que no se le corra el rush, y continúa.
-Yo estaba muy enamorada de Juan por ese entonces, y nos comprometimos, con fiesta y todo. -Cuenta Victoria.
-Eso nos daba la certeza a todos, de que cuando llegara el momento nos casaríamos.
Yo me vine a estudiar a la ciudad, y él me apoyo mucho los primeros años, no obstante, antes de recibirme, ya me había casado, tuve a mi primera hija y no había terminado la carrera. -Relata Victoria
-El punto es que, -Victoria hace un silencio, un gesto de mal recuerdo y continúa, -me recibí estando embarazada de la segunda niña. Había conseguido un trabajo de medio día en un estudio de abogado, de aquí cerquita.
Y ahí se agudizaron los problemas, que ya veníamos arrastrando desde mucho tiempo antes, sin poder ponernos de acuerdo.
Juan quería que yo me recibiera y me fuera a vivir al pueblo, Y yo quería que el vendiera todo o alquilara el campo y se viniera a vivir a la ciudad.
Pero yo, y estoy segura que Juan también, nos habíamos subido al avión con los paracaídas puestos. – Afirma Victoria
-¿Se casaron en un avión? – Pregunta desconcertado Víctor, y vuelve a reír Victoria antes la desopilante pregunta de Víctor.
-Te explico, -dice Victoria, -antes, la gente se casaba y era como vivir en un avión que no aterriza. La gente tenía sus problemas y los debía resolver en el avión en vuelo.
Ahora con la ley de divorcio y más aun con los divorcios expreses, las chicos se casan sabiendo que llevan el paracaídas puesto.
Antes el menor de los problemas que no pueden resolver, se tiran del avión y abren su paracaídas, aterrizan probablemente con algunas magulladuras que rápidamente cicatrizan.
El avión sería la vida anterior, el paracaídas es la ley de divorcio y aterrizar es empezar una vida nueva. – Finaliza Victoria como dando una cátedra de relaciones de parejas
-¡Mierda!.- Exclama Víctor. – Yo voy a cumplir como cuarenta años de casado y todavía no me pongo el paracaídas, ¡que huevón! – Ríe con fuerza contagiosa y agrega.- Si se entera la Gringa de lo que dije, me mata.
-Mas carcajadas. Gringa le dice Víctor a su esposa y los otros dos acompañan festejando. La gente que transitaba por el paseo en ese momento, se daban vuelta para ver de donde venia esas risotadas.
-¿Cuarenta años? ¡Woww!, y ¿Cómo se hace?. -Exclama Vitoria
-Tal vez Víctor a tenido suerte en su vida y nosotros no, o somos diferentes, o tenemos ambiciones diferentes y queremos vidas más adrenalínicas. – Interviene José. -Creo que los tiempos también ayudan y algunos logran estabilizar sus vidas y otros no. No sé.
–Hace un silencio José para preguntar. –¿Y el tercero hijo?, ¿entonces no es de Juan?
-No, no, te cuento. Luego del divorcio con Juan, un día, la casualidad hizo que nuevamente me cruzara con Marcos (La siesta de Victoria), y comenzamos a salir. -Responde Victoria
-Una historia abierta de cuando eramos jóvenes y que ambos queríamos cerrar. El venía también de un divorcio con los que también tenía dos hijos. -Acota Victoria
-Al principio eramos como amigovios, y parecía que las cosas podrían funcionar, nos hicimos parejas y nos fuimos a vivir juntos.
-Antes se le llamaba concubinato y ahora se acepta oficialmente como relaciones convivenciales.
-Y de esa unión, sin casamiento ni paracaídas, nació mi tercer hijo. -Cuenta Victoria
-Pero no funcionó, -reflexiona Victoria -familia numerosa, dos hijos el, dos hijos yo y el tercero en común.
Las parejas ensambladas son un tema complicado cuando los niños son chicos. –Victoria sonríe, hace un silencio, juega nerviosa con los dedos, piensa, tal vez en la suma de sus fracasos y continúa.
-Y cuando son grandes también. -Acota José refiriéndose a los hijos de parejas ensambladas.
-Hace unos años, -continúa Victoria -me apareció una oportunidad de irme a trabajar a Buenos Aires, en la casa matriz de la empresa que representaba legalmente aquí, y me fui a sanar de mis heridas, lejos de todo. -Reflexiona Victoria recordando su pasado
– ¿Y entonces?, ¿porque en San Juan nuevamente? -Pregunta José
-Es que todo cambia como muy rápido, son muchas cosas, por un lado, falleció mi madre y con mis hermanos hicimos el juicio sucesorio, a mí me tocó un departamento aquí en la ciudad. -Justifica Victoria.
-La empresa cambió sus planes de expansión y decidieron trasladarse a Brasil, y allá no me voy a vivir y tampoco me ofrecieron la posibilidad de ir.
Las dos más grande (las hijas) se vinieron a estudiar en la universidad de San Juan, la mas grande ya se recibió y es la que me hizo abuela. Aquí la vida es más tranquila.
Y tal vez lo más importantes, es que yo necesito reencontrarme con mis orígenes, con mis raíces y vivir cerca de todos mis hijos y de mi nieta.
Las realidades de todos, van cambiando rápidamente con los tiempos y uno tiene que adaptarse velozmente o pierde el tren.
Así, que aquí estoy. -Finaliza Victoria
-¿Y tu vida sentimental? -Pregunta, curioso Víctor
-Nada, bien, a mis cuarenta y pico todavía soy joven, me siento joven, así que por ahora, estoy en una relación, nada de convivencia, cada uno en su casa, nada de compromisos a futuros lejanos.
Cada uno hace su vida y tratamos de no interferir el uno con el otro. –Contesta Victoria que mira a José, le sonríe con cariño y le pregunta.- ¿Y vos?
-Tal vez tan lastimado como vos. -Contesta José y agrega.
-No tengo ni un filo o filito.- Ríe a carcajadas y se explica.
-Te acuerdas Victoria cuando en aquellos años de adolescente alguien rondaba a una chica y ella coqueteaba con él, le llamaban filito las abuelas.
Tu madre me sabía poner las quejas diciendo, ahí anda la chinita esa con un filito de la escuela y ahora me ha salido que quiere irse pa la ciudad. Y a lo mejor la cosa, no pasaba de piquito a escondida y fugaz.
Pero como te dije Victoria, -continua José -ya no creo en nada, ni en la nueva expresión “estoy en una relación”, ni siquiera sé que significa, por que no estás de novio, no estas comprometido, no estas casado, no son amantes, pero las hace todas.
Y además con mis prejuicios, estar de novio a mi edad, es como que no pega, como que no da.
¡Estar en una relación!.
-José levanta la mano con los dedos juntos y en punta hacia arriba y los balancea rítmicamente hacia arriba y hacia abajo como diciendo, ¿que carajo es eso?.
-De alguna forma, -continua José -intuyo, estar en una relación implica tener algún grado de conexión limitante, es decir, que tampoco podes hacer lo que quieras, algún nivel o algún grado de exclusividad se exige entre ambos, supongo.
-Si por supuesto, hay límites a la libertad, -explica Victoria -pero menos exigente que lo de vivir en parejas, por ejemplo.
Es decir podes ir a jugar al futbol o juntarte con tus amigos una noche o varias, sin tener que pedir permiso. -Ríe Victoria
-Pero ahora hay una nueva definición de relaciones que te permite mayor libertad, -amplía Victoria, -es como los amigovios, una especie de amigos con derechos y que va un poco más allá todavía y le llaman relaciones abiertas.
-¡Ah sí!, -interviene Víctor -y no solo es para los solteros o personas sin compromiso, sino también para los que están casados con todos los papelitos y por alguna razón no quieren divorciarse.
-Acota Víctor mas como un chisme escuchado, que como entendido en el tema. Y continúa.
-Me dicen, no se, -se cubre Víctor de meter la pata -que este acuerdo de parejas les permite salir cada uno por su lado y tener vidas separadas, con amantes o lo que sea, pero viven bajo el mismo techo si son casados, o viven cada uno en su casa si no lo son.
-Acota Víctor, José se ríe y Victoria se ve de alguna forma afectada por el comentario. Algo que no paso desapercibido para José.
-Yo decidí por la soledad y ser libre sin saber muy bien que es ser libre. -Afirma José. – Pero con seguridad, soy prisionero de mis recuerdos. -Remarca José
-La soledad no me sienta mal, -dice José -y pienso que estar solo no significa estar aislado socialmente sino que por el contrario, me permite cultivar la amistad, dar sin tener obligación de dar, recibir sin esperar recibir nada.
Es decir, quiero estar en armonía, en paz conmigo mismo y poder caminar sobre todo tipos de grietas, sin miedo al espejismos de su profundidad, sin obligaciones ni derechos. Sin dañar a nadie.
-¡Wow! – Exclama Victoria – ¡que profundo! , -y ríe burlonamente
-Por qué no creo en el amor entre el hombre y la mujer. Al menos como todos lo ven o lo sienten. O no se, tal vez tenga terror de vivir las mismas experiencias. – Se define José –
-No puede existir algo tan mágico como el amor y que pueda ser a la vez, tan cruel, con el dolor que provoca.
Yo no fui afortunado en estas “relaciones”. -Ríe José sonoramente, mientras guarda para si su secreto mas doloroso.
-Victoria mira su reloj, debe irse, Víctor debe ir a buscar a su nieta y José debe esperar para ir a buscar su vianda.
-Piden la cuenta, pagan, se levantan, se cruzan mutuamente sus números telefónicos, se despiden con la promesa de volver a encontrarse y se van cada uno por sus caminos, sumergidos en sus propios pensamientos.
Mientras en la esquina de Tucumán y Rivadavia un artista callejero canta “Tan solo tu” un tema de Franco de Vita, mientra una jovencita vestida de payaso trata de vender globos y tres jubilado sentados en el banco de hormigón de al lado, aplauden el show gratuito que le ofrece la ciudad.
José se sumó despreocupado a los espectadores.
La charla fue corta pero intensa. – Medita José, mientras aplaude al cantor callejero
Nota:
El amor líquido, es un interesante concepto enunciado por el sociólogo Zygmunt Bauman. En esta poética pero desconsoladora imagen, se encierra una realidad que parece ser bastante frecuente en nuestra actualidad: la fragilidad del vínculo, o la fragilidad de las relaciones sentimentales
Amor líquido en la cultura individualista
La cultura occidental, en muchos casos, no nos impele a crear vínculos de confianza a largo plazo, y muchas personas tienen serias dificultades para sentirse acompañadas y queridas. Esta tendencia a no crear relaciones duraderas se explica por la gran responsabilidad y trascendencia que ello supondría, un “escollo” que no estamos motivados a asumir.
También puede deberse al miedo de sentirnos defraudados o heridos nuevamente.
El miedo al amor o filofobia suele paralizarnos y rehuir todo lo que nos suene a compromiso, imposibilitando que creemos relaciones sólidas y profundas. Como lo plantea en su historia José
El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son “conexiones” más que “relaciones”.
Este concepto va un poco más allá.
El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer.
Es algo que sin lugar a dudas suena desconsolador, vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos, tal como plantea Victoria en la historia de su vida.
Establecemos relaciones inestables porque nuestra sociedad parece ensalzar a su vez, unas relaciones humanas más flexibles.
Con los chicos
Les ofrecemos numerosos juguetes, tecnologías, establecemos un juego de chantajes donde ante un examen aprobado o una ausencia, significa un pago con cosas disfrazado de regalo.
Los dejamos caer casi sin querer en una sociedad de consumo con escasos valores, creando individuos a su vez que se vuelven tiranos, que no reconocen dónde están los límites y que, de algún modo, también acaban volviéndose líquidos…
Sus amistades nacen en las redes sociales, y para terminar con alguna de ellas cuando no les interesa, no tienen más que usar el botón de “bloquear o reportar” a dicha persona
La importancia del amor propio para combatir el amor líquido
Las personas no somos bienes de consumo, ni tenemos una obsolescencia programada como cualquier electrodoméstico. Pensamos, sentimos y amamos. Pero hemos de empezar siempre por nosotros mismos, viéndonos como personas merecedoras de ser amadas y de ser respetadas.
El amor líquido siempre nos deja con un corazón vacío, y eso es algo que nadie quiere, el consumista siempre se queda con hambre y con una profunda insatisfacción. ¿De qué nos sirve esto? ¿De qué nos sirve vivir con tanta incertidumbre?
La inseguridad
En ocasiones, detrás de un amor líquido está la inseguridad personal. El no vernos a nosotros mismos como capaces de mantener un vínculo lo bastante fuerte como para prosperar, como para construir un futuro junto a otra persona.
La inseguridad, es reflejo de una autoestima que no se ha desarrollado adecuadamente. Ahí, donde sólo se busca una satisfacción puntual para después, huir. Todo compromiso puede evidenciar nuestra falta de competencia, nuestra inmadurez.
Pero ¿Por qué no intentarlo?
En esta vida nada es seguro y todos andamos a tiendas entre la niebla, si yo empiezo a confiar en mí mismo poco a poco avanzaré con más seguridad, apostando por la estabilidad. Por el auténtico compromiso conmigo mismo y las personas que me rodean.
Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad.
La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total.
Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.
Por José Pepe Alvarez
Referencias:
https://psicologiaymente.com/pareja/amor-liquido
Mis hijas presentes, y el hijo que no vuelve Recuerdos de familia, historias de barrio. Anécdotas…
Dedicado a mis amigos/as de la infancia, a los de toda la vida, a los…
Otro sábado en la ciudad, Ricardo, Victoria y Víctor se juntan con José a compartir…
Como casi todos los sabados, José y sus amigos se juntan en el café, frente…
Victoria había invitado a su amigo y confidente a tomar un café, en el lugar…
This website uses cookies.