Sin duda a Francisco, el Papa, le encanta tirar títulos que hacen pensar, reflexionar y, alrededor de los cuales se generan profundos debates y controversia. Sin lugar a dudas la institución Vaticana y con ella la Iglesia católica ha dejado de ser aburrida a partir del papado del argentino.
Francisco en una muestra de ese pensamiento abierto, dijo “que el sexo y el gusto por la comida son placeres divinos”, esto en una serie de conversaciones que tuvo con el escritor Carlo Petrini, las cuales han sido publicadas en un libro llamado Terra Futura.
Francisco define concretamente el origen “del placer” y dice que su origen es “divino”, eso significa que el placer viene directo de Dios. Y no solo se queda con esa afirmación sino que hace un mea culpa respecto de la mirada de la Iglesia y dice que “este ha sido reprendido por la Iglesia durante siglos”.
En consecuencia y siguiendo las afirmaciones Francisco, estos mandatos de la iglesia han influido por siglos en la “felicidad de la gente”, generando un sentimiento de culpa agobiante y frustrante por la idea del pecado y del castigo por el pecado.
Es tan profunda esta afirmación del Papa que parece que termina reconociendo la naturaleza humana y la libera del sentimiento del pecado.
¿Pero es así realmente?
Desde el punto de vista de las creencias religiosas judío – cristiana, y está escrito en los diez mandamientos, concretamente el sexto que dice “no cometerás actos impuros”, y se interpreta como actos impuros al sexo como placer, solo permitido para la reproducción. Hay versiones del catecismo actual que dicen al respecto “no fornicaras”. Según la misma tradición y la fe, estas reglas o mandatos fueron reveladas a Moisés por Dios.
Ya en la época del cristianismo del papa Gregorio Magno y en función a la realidad de su época, definió los siete pecados capitales, donde el término capital, o caput, capitis en latin significa cabeza.
Cabeza no se refiere a la magnitud del pecado sino más bien que en cabeza de estos siete pecados se originan muchos otros pecados.
De estos siete pecados mencionamos a “la lujuria” que tiene que ver con los excesos del sexo y a “la gula” que tiene que ver con los excesos gastronómicos. Que son los que tienen que ver con el tema abordado.
Antes de analizar lo que parece ser una gran contradicción, creo importante volver a la definición de la naturaleza humana.
El Gran Arquitecto, al final, al último de todo lo creado, nos creó a nosotros, los seres humanos, y nos diseñó como seres vivo de la naturaleza. El mandato aparece escrito en Génesis 1. 28, “reproduzcanse, multiplíquense y llenen la tierra”, y continua, “domínenla, sean los señores de los peces los mares, de las aves de los cielos y de todo los seres que reptan sobre la tierra”
Esta es la definición más precisa de la naturaleza primaria humana, el mandato, si es divino es mejor, reproducirnos y multiplicarnos, y como es más que obvio, solo podemos cumplirlo a través del sexo, y este es por ley transitiva, un placer. El sexo es placer por mandato divino,… ojo, dicen los curas, para reproducirnos.
El problema es que el Gran Arquitecto, nos diseñó también con memoria, emociones, sentimientos y capacidad de discernimiento y no nos impuso un impulso hormonal que se dispare solamente cuando llega el momento de la reproducción como al resto de los mamíferos.
Los seres humanos estamos liberados para disfrutar del deseo por el placer sexual en todo momento, en cualquier lugar y con cualquiera. Si es con amor, mucho mejor
Lo mismo que para alimentarnos con la mejor cocina maridada con el mejor de los vinos o disfrutar del lomito en el carrito de la esquina de casa.
Es tan obvia la naturaleza humana, que por ser tan obvio, a veces, no es fácilmente reconocible o compresible.
Antes de la existencia de Uno, debe imprescindiblemente haber habido sexo, y antes que el sexo, tiene que haber habido imprescindiblemente un deseo de un hombre por una mujer y viceversa. Y para que el sexo sea deseado, es imprescindible que sea un gran placer.
… y después que un espermatozoide imprescindiblemente vivo fecundara un ovulo imprescindiblemente vivo también, y diera origen a la primera célula de Uno. Con lo cual para la existencia de Uno es imprescindible la existencia de vida previa. Y este es tema para otro debate
Y luego Uno, imprescindiblemente debió “alimentarse” para poder dividirse en dos, y luego en cuatro y luego en dieciséis y así por toda la existencia de Uno.
Y en consecuencia, alimentarse es también un placer bastante saludable por cierto.
Por nuestra propia naturaleza, incluso momentos previos a nuestra propia existencia, esta signada por el sexo desde el instante antes a nuestra propia concepción y también por la alimentación desde el instante posterior a nuestra concepción
Ser hombre o mujer es una definición que se diseñó para ser ejecutada al final. El último par de cromosoma que se define en la cadena genética es el par de cromosoma 23 o cromosoma sexual. El sexo masculino o femenino, se define al final de la cadena del ADN, XX es mujer, XY es varón.
A partir de la definición del par de cromosoma 23 que define el sexo mujer o varón, se define también todo el resto de las relaciones, comportamiento, emociones, sentimientos, química y física de la vida del individuo hombre o individuo mujer.
Se definen las relaciones entre hijos/hija y la madre y el padre, las relaciones entre hermanos, primos y demás parientes. Las relaciones entre amigos y compañeros de trabajo.
Por qué el sexo lo es todo, entendiendo que sexo no es solamente coito. Que de por sí, es bastante efímero y sobrevaluado
El coito es solamente un aspecto de la relación entre un hombre y una mujer, pero existe muchísimas formas de relación y comportamientos entre sexos iguales y diferentes.
El hombre invita a una mujer a un coqueto restaurant y a los amigos a jugar un partido de futbol en el potrero del barrio, haciendo una automática diferenciación, sin siquiera pensarlo, por ejemplo.
Por qué el hombre y la mujer se relacionan diferentes.
Para un hombre invitar a mujer a salir, requiere de una preparación previa, un encuentro con expectativas y una charla para el recuerdo. Es en definitiva un encuentro sexual, donde lo genital puede estar presente en los intricados laberintos del pensamiento de uno de ellos o de ambos.
Pero hay excepciones también, a veces los encuentros entre diferentes sexos puede pasar por el disfrute de otros placeres, como el de la compañía, lo gastronómico y las buenas charlas, los temas comunes o la admiración mutua o la compatibilidad intelectual, o la artística, entre muchos otros, por ejemplo.
Para un hombre invitar a otro hombre a salir tal vez solo signifique reunión de negocios con exceptivas económicas. O solo una juntada de pavotes recordando el gol que le hicieron a algún equipo.
Algo similar sucede con las juntadas entre las mujeres.
Pero ahora, volviendo al relato bíblico
¿Y entonces que hacemos con los 10 mandamientos y los 7 pecados capitales?
El ser humano no es Dios, es semejante a Dios, por lo tanto es imperfecto. Y como ser imperfecto es natural al hombre, la ira, también somos soberbios, y envidiosos, avaros y vagos. Y si le agregamos que también somos lujuriosos y glotones, tendremos enumerados los 7 pecados capitales.
De los siete pecados enumerados, solo dos producen placer, el sexo y la alimentación el resto son adrenalínicos y de otra naturaleza.
Y en los siete, es natural al ser humano, los excesos. De hecho, el grupo de los 7 son excesos
También es natural al ser humano vivir en sociedad y para lograrlo debió imponer a lo largo de su historia reglas de convivencia y organización. Estas reglas pueden ser religiosas, morales, éticas, legales, etc.
Es decir, el ser humano vio conveniente que para poder vivir naturalmente en sociedad debía autoimponerse una serie de normas que les permitiera controlar los excesos de su natural imperfección.
Incluso poner límites a sus deseos naturales por los placeres divinos del sexo y la alimentación.
Los diez mandamientos, los pecados capitales por ejemplo, más todas las bibliotecas filosóficas, religiosas, jurídicas de todo el mundo, durante toda la historia de la humanidad, son el andamiaje de mandatos no divinos que el ser humano se autoimpuso para poder sobrevivir a su propia naturaleza.
Siendo la institución del matrimonio tal vez la más efectiva y la más usada en todos los tiempos, por todas las religiones, monoteístas o no, en todos los pueblos y aldeas de la tierra.
Donde tal vez esta Institución de Matrimonio o el emparejamiento, pueda ser considerada también una condición natural del ser humano. Y que también podría interpretarse del Génesis cuando Dios creo a Eva. Tema para otro debate.
Francisco dice; “La Iglesia ha condenado el placer inhumano, bruto y vulgar, pero por otra parte, siempre ha aceptado el placer humano, simple y moral”, afirmó Francisco quién también señala que durante un largo tiempo, se ha tratado de crear un sentimiento de culpa sobre el sexo en la gente, además del placer de una comida bien preparada, debido a un “exceso de celo de moralidad”, lo cual es una “interpretación errónea del mensaje cristiano”.
Francisco, antes Jorge Bergoglio, hizo una referencia a una película para explicar estas ideas sobre el placer. La cinta es “El festín de Babette”, filmada en Dinamarca, la cual sigue a una villa pobre que se unen por una comida francesa deliciosa que cocina un miembro de una congregación. “El placer de comer está ahí para mantenerte saludable comiendo, al igual que el placer sexual está para hacer al amor más hermoso y garantizar la perpetuación de la especie”, es el argumento del religioso. “El placer llega directamente de Dios, no es ni católico ni cristiano ni nada más, es simplemente divino”, afirma Francisco en un contexto en el que habla del placer y cómo este ha sido reprendido por la Iglesia durante siglos.
Es también una obviedad decirlo, paro hay que decirlo, que toda organización humana al ser construida y constituida por humanos imperfectos es también imperfecta. La Iglesia es una de ella
Y lo excesos en la instituciones humanas de cualquier características, también los padecemos
Por José Pepe Alvarez
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