-¡Hola José! -Le saluda el  vecino, mientras se acomoda en el auto de José, que lo invita  acercarlo a la ciudad. Y le cuenta

– Hace dos años que busco trabajo y parece que al fin me van a contratar. Es una empresa de servicios mineros. Me lo prometieron. Se lo conté a mi esposa y mis hijos, y aquí estamos, toda mi familia como colgada en el aire y aferrados a esa expectativa, esperando que se concrete. Dios quiera que sea pronto.

-José, lo escucha, le desea suerte, conoce de las añejas angustias de esa familia y ruega que esta vez no sea una nueva frustración. Una falsa promesa. Los niños sufren las consecuencias.

Piensa, que a veces sucede, que el rostro de la desesperación de alguien, hace que sea muy difícil decir que no. Que no hay trabajo y prefieren resolver con un “volve el mes próximo” o algo así

“Si No es No, pues que sea No, un Ni genera falsas expectativas y dolor”

Los remiseros, habitué del lugar junto con José, lo ven acercarse y lo invitan a participar de la conversación. El tema es la Guerra

Uno de ellos afirma que la invasión de Rusia a Ucrania es una guerra que le queda lejos, el otro le corrige y le dice que no, que las consecuencias las vamos vivir con el precio del combustible, el gas y la comida y la inflación.

El tercero, dice que es el momento de deshacerse de todo tipo de papel moneda que se tenga guardado y salir a comprar , en primer lugar mercadería y luego cualquier otra cosa que pueda conservar o aumentar su valor, al final de la guerra.

José los mira y opina

-Veo que todos tienen la expectativa de el día después, Dios quiera que así se.

Pero tengan en cuenta que la guerra no es entre Ucrania y Rusia, en realidad es entre Rusia y Estados Unidos, y ambos tienen el poder de destruir el mundo diez veces. Creo que se está pariendo un nuevo mundo, si es que el bebé mundo no nace muerto.

Todos los partos son con dolor, muertos, desplazados, destrucción, horror, escenas dantesca, diabólicas.

La señales que debemos buscar, consiste en ver quien sale primero,corriendo en chancletas, como los americanos reivindicando a los venezolanos, por ejemplo, o los franceses que le reclaman a EE UU, lo inconsulto de la sanciones respecto del combustible ruso.

Por su parte los rusos, no están solo y se han metido en un lugar que les impide retroceder.

Si, creo que un nuevo orden geopolítico está surgiendo por acción de la fuerza de las armas y otro, el monetario, por efecto de las sanciones económicas donde todos pierden. Y tal vez el dólar como moneda de intercambio comercial mundial, deje de ser la única.

Las expectativas en este tiempo respecto del mundo, son sombrías

“solo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana, solo de la primera tengo dudas”…  Albert Einstein

José busca su mesa preferida en el bar, y se acomoda. La chica que trabaja ahí, sin preguntarle, le prepara “lo de siempre”, un café con leche con una medialuna y una tortita. Se cerca con la orden no ordenada, y le habla rapidito y con muchos gestos.

-José, te lo tengo que contar. -Le dice. -Mi novio me habló y me dijo en en 10 días regresa y que viene con sorpresas. ¿Será que me pedirá casamiento?. ¡Dime que si José!

Mejor que no, no me digas nada José, me puedes arruinar la ilusión. -Afirma la chica con gestos graciosos en su rostro.

-¿Casamiento? -Se pregunta para sí mismo José. -Tiene grandes esperanzas esta chica. Y no tiene nada que lo fundamente.

” evalúa con razones las señales, no sea que una mala lectura, te genere falsas expectativas y muchas decepciones”.

-El hombre sentado en la mesa de al lado, no pudo evitar escuchar la charla y dirigiéndose a José, lo interrumpe en sus pensamientos

–¡Ah la juventud y sus historias de amor! -Le dice el desconocido

-José lo mira y le contesta. -Todos fuimos jóvenes nos enamoramos y nos equivocamos. Los jóvenes tiene ese derecho. Seguro que usted también tiene una. -Le pregunta José-

– La mía es una historia de amor, muy vieja. Una promesa que esperé por años que ella cumpliera, pero ya casi no me quedan esperanzas.

-El hombre descarga sobre José durante media hora, su historia de amor frustrado.

-José lo mira. –Amigo, me parece que ya es hora de que aterrices. En tu historia tu mismos dices que después de muchos años, ya no tienes esperanzas. Se parece más a Una historia no cerrada”, que debes tratar de concluirla o buscar ayuda profesional. Le responde José.

“ten cuidado con las expectativas que generas, algunas, pueden causar daños permanentes”

-Es sábado en la mañana y José sabe la rutina de los habitué del bar.

Seguro que no falla, así que espera tranquilo.

Por la vereda , viene un político con su séquito, acercan algunas sillas a una mesa y se van  acomodando. De el otro lado se acerca un segundo político, pero se sienta en el bar de al lado. Unos diez metros, uno del otro.

La bulla entre ellos se va apoderando del lugar. Cada uno lleva sus propios cuentos  y arman sus propias estrategias para ganar el voto de la gente. Pero cada voto, es también una esperanza generada por las propuestas.

José reflexiona sobre lo que ve y mide a la actividad política desde el mismo lugar que los casos con los que ya había conversado. Solo que esta actividad, es una potente fuente generadora de expectativas.

Inciden fuertemente sobre todas las personas. Las aspiraciones individuales de cada político, pone de manifiesto, las miradas sobre sí mismos y la comparación personal sobre sus adversarios, y sus campañas políticas, midiendo el efecto que causa en la población.

Obviamente, esos “efectos buscados” son las expectativas que deben generar a conciencia, a fin de de lograr el voto mayoritariamente inconsciente.

El llamado contrato electoral, no es más que un conjunto de promesas que la población quiere creer que se cumpliran.

La economía y las inversiones son expectativa y el mundo del trabajo, se mueve en función de las anteriores. La solución de la gente, pasa por esas expectativas que generan las políticas.

José los mira, sonríe. Los conoce a todos y desde su mesa los saluda con la mano levantada. Miera su reloj. Está esperando a un amigo.

¡Marito ya era hora! -Le reclama Jose

-Viejo vinagre no me jodas que estoy feliz. -Le contesta risueño Mario.

-Es que tal vez conozca a una chica que conocí por las redes, una app, y la he invitado a tomar un helado. Me dijo que sí, pero no me confirmo cuando. Así que, aquí estoy, colgado de mi expectativa –Le cuenta el amigo.

-¿Por una app?. -Pregunta el José

-Y si. Así es ahora.

Mirás su muro, ella mira el tuyo, le mandas un pulgar hacia arriba por algo que te gusta, ella te mando un pulgar hacia arriba por otra cosa que a ella le gusta. Y así, pulgar para arriba aquí y otro por allá, y tal vez pueda comenzar una relación. -Afirma Marito.

-¿Y esa es toda la información que intercambian?, ¿no hablaron nunca?. -Pregunta José asombrado. -¿Y además invitas a una chica que conoces, pero que no conoces, a tomar un helado en tu primera cita?. -Pregunta José.

– ¡Siii Viejo!, se me ocurrió que sería bonito, un poquito romántico, lo del helado, una propuesta algo adolescente y si se quiere, también un poquito nostálgica, ¿no crees? Algo así como cuando esperabas a la chica por primera vez, a la salida del colegio.

¿Qué tiene de malo? – Se pregunta y se contesta. – Hay que animarse a ser distinto. -Ríe fuerte Mario.

-¿Y vos tenes alguna expectativa de que algún día te confirme? -Pregunta José

-Y si, ¿no?, Es raro. Digamos que tengo alguna esperanza, ni muy mucha, ni muy poca. Pero no te preocupes amigo, si ella tiene interés,  deberá alimentar mis expectativas, o de lo contrario, mis esperanzas se irán diluyendo, al tiempo que me vaya comiendo el helado.

Por las dudas he comprado como mil quinientos kilos de helado y una cucharita muy chiquita. –Ríe el hombre mientras levanta sus hombros a modo de, “que le va hacer”.

-José piensa en sus cartas, dedicatorias,obsequios, formalidades, etc,conformaban en una época no muy lejana, las formas en que las personas con intencionalidad de conocerse y tal vez emparejarse, se comunicaban.

Antes, el varón le hacía “a pasada” a la chica. Es decir, pasaba en bicicleta o caminando varias veces al día por su casa. Se paraba en la esquina a fumar un cigarro, mientras más fuerte el tabaco mejor, más varonil, con la esperanza de que el sistema de comunicación barrial (vecinas), advirtieran la presencia del sujeto y le comunicaran a la chica las intenciones del varón.

Hoy, actitudes como esas, te llevan derechito a Flagrancia por acoso.

Ahora son las app y sus motores de búsqueda los que dirigen, quien y con quien, es algorítmicamente compatible y recomendable relacionarse. Un puñado de fotos en un celular, son las que te cuentan la historia.

Ni bien ni mal. Sólo diferentes, una nueva época, nuevos códigos con menos lenguajes, menos palabras que transmitan la idea.

Mas facil tambien, son los malos entendidos.

José lo mira sorprendido por la audacia de su amigo y piensa en sus propias expectativas

se pregunta “¿y yo?, ¿que necesito?”.

José reflexiona sobre nuestra vida social, política, económica, religiosa, en fin, todos los aspectos de nuestra vida, está atravesada y controlada por  expectativas. Y son ellas, las que nos dan la sensación de estar siempre colgados en el aire esperando por algo.

Las expectativas es un sentimiento de esperanza con una base que puede ser a veces, razonable, otras no tanto y muchas otras, nada razonable.

Estas, las expectativas, obedecen a una multiplicidad de factores externos, que generan señales que nuestros cerebros procesan, y que les asignan, valor, sobre valor o sub valor y significancia. Que incluso, pueden no significar lo mismo, para la o las fuentes generadoras de las expectativas.

Jose respecto a su pregunta final “¿y yo, que necesito?”, Poco. Se responde.

Es por ya pasó por esas etapas. Ya hizo todo lo que quiso o lo que pudo. Se equivocó en todo y al fín aprendió, o más o menos.

Consiguió todo lo que pudo y lo que no, que importa. Ya está

Ahora necesita poco, no tiene ninguna expectativas respecto de muchas cosas que antes eran importantes, y muy moderadas respecto de unas pocas, que le gustaría experimentar.

Piensa en su amigo y la propuesta del helado, sonríe, no lo ve tan mal, al final, es romántico. Tal vez de otras épocas.

“… en todo caso, solo son las expectativas las que se lastiman”

José se para, paga y se va caminando por Rivadavia hacia el este.

Por José Pepe Alvarez

Jose Pepe Alvarez

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Jose Pepe Alvarez

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