Victoria había invitado a su amigo y confidente a tomar un café, en el lugar al que José le llama “mi oficina”. Una mesa en la confitería de Rivadavia y Mendoza.

La fidelidad, era su inquietud, la de su amigovio y necesitaba hablar con alguien, y quien mejor, que su amigo, “El Losetodo“, como ella le dice.

Ya tenía experiencia de infidelidad con Juan su ex marido y Marcos, su ex…relación, amigos con derechos, amigos con acuerdos, pareja, novio, amante. La etiqueta se coloca según las circunstancias.

José la mira divertido sumergida en sus dilemas amorosos. Victoria es un espíritu que ama más a su libertad que a los compromisos. 

-¡Que es para vos la fidelidad? –Le pregunta José.

-Yo quiero a un tipo que esté cuando yo lo necesito, saber que no se acuesta con otra, solo conmigo, que me saque a pasear y no ande mirando otros culos, que no me esconda, que me respete, que me diga la verdad, que me cuente sobre sus cosas, que me defienda, que me valore.

Eso es para mí fidelidad. -Afirma Victoria y José solo la mira y la escucha y  hace silencio.

-¿Y eso es todo? -Pregunta José

-¡Y sí! ¿De qué otra forma puedo evaluar la fidelidad de él?, por lo que veo, por el olor de sus camisas cuando vuelve a casa, por los silencios, por la hora a la que vuelve, por el tiempo que se las pasa en las redes, por el celo con el que guarda su celular y por esos detalles que una mujer intuye cuando algo anda mal. -Le detalla Victoria.

-¿Y eso es todo? –Vuelve a preguntar José, sabiendo que pondrá cara de fastidio

-¡Me jodes José!, sabes que lo haces. ¡Me jodes!,… y si, eso es todo. –José se ríe por la cara que puso Victoria, arrugando la nariz, metiendo el labio inferior por debajo de los dientes y deformando la voz al hablar.

-¿Acaso hay algo más? –pregunta Victoria

-Y si, niña, por supuesto, lo que no ves, lo que no escuchas.

¿O caso no se tilda tu pareja?, y esta con vos en cuerpo, pero su cabeza está en otro lado, aun en los momentos de intimidad. –José se toma un segundo y continúa.

-¿O acaso a vos no te pasó, o te pasa, y te seguirá pasando?.

¿Te acuerdas de La Siesta de Victoria?, o de El Affaire Emocional de Victoria, incluso de la solución que encontraste en El Clic Cerebral de Victoria.

-Si, pero eso fue solo una fantasía, al menos al principio.- Se justifica Victoria

-Fantasía, sí, pero la infidelidad en el caso de las parejas, parece que solo es válido cuando involucra al cuerpo.

“…mi cosito nunca tocó una cosita que no sea la de mi pareja” o viceversa. Y eso basta para sentirnos con autoridad moral para sentirnos fieles y levantar el dedo y acusar y hostigar.

-Y si, si es sobre lo que podemos estar seguras. Por que nadie puede saber qué es, lo que piensa o lo que siente el otro. Y estos turros, jamás nos lo dicen. -Asegura Victoria

-Bueno, si profundizamos, esa es la cuestión a analizar. -Consiente José

Hay casos en que la mente, el alma y el cuerpo pueden dividirse, ante la muerte por ejemplo, o por alguna enfermedad mental o pérdida de memoria o por accidentes o incluso, por alguna cuestión emocional traumática, o por cualquier otra cosa

Pero es indivisible ante cuestiones morales, por ejemplo, o cuando involucra a emociones y sentimientos.

-Si, lo sé. Es cuestionable para uno mismo, saber que estás abrazando y besando a tu pareja, pero tú deseo está en otro lado. Es un infierno. -Le marca Victoria con gestos de picardía.

-Bueno, lo que dices, me lleva al primer acto de fidelidad. -José toma el pie que le dio Victoria para avanzar con la idea.

No se puede ser fiel a nadie, si no se lo es con uno mismo. Si no me confieso a mí mismo, de que por qué estoy, donde no quiero estar, de por que siento lo que siento o por que deseo, lo que deseo.

Y esto me lleva a otros actos conmigo mismo, al buscar las respuestas a esos porqué.

Por ejemplo;

Estoy donde no quiero estar, porque no puedo comprometer la familia, los niños, los años de parejas etc.

O, estoy donde no quiero estar, por el que dirán, la familia, los amigos, el trabajo etc

O, estoy donde no quiero estar porque me conviene, los gastos, la casa, las cosas nuevas que quiero comprar etc.

No importa cuál sea la respuesta, casi siempre es racional, pero el deseo no.

El deseo sólo está ahí. – Mueve José la cabeza y sube los hombros, mientras explica.

-Por la fuerza de voluntad, apoyado en el razonamiento de conveniencia, se puede preservar al cuerpo del pecado, pero no al alma, según los conceptos cristianos. Fuente de grandes angustias, es esta debilidad humana.

Mientras ahí, en mi interior, como decía Sartre, habita mi infierno. -Razona José

-Es trágicamente humano que sea así. Nadie escapa a estas circunstancias, y yo lo sé. -Afirma Victoria, repasando mentalmente su historia. –Así es muy difícil ser feliz.

Pero nosotras las mujeres somo algo distintas, somos más fieles que los hombres. -Ensaya Victoria.

-Sos demasiado inteligente para salir con esa infantilidad feminista. –Le recrimina José y continúa. –Somos la misma cosa, el hombre y la mujer estamos compuesto de la misma esencia. El resto es dialéctica movimientista. -Contesta algo molesto.

-Creo que es difícil encontrar a alguien que me sea fiel como yo necesito. -Sostiene Victoria

-¡Noo, para nada!, por supuesto que sí puedes encontrar a alguien fiel. Búscate un perro.

– Sugiere José

-¿Me hablas en serio ?, ¿Qué me busque un perro?, ¿Se te aflojó una tuerca?. –Protesta Victoria.

-No, para nada, la fidelidad de un perro, se debe a la disposición natural y temperamental del animal a su amo. Pero no lo es el hombre y tampoco la mujer.

Porque te explico, la ley natural que afirma que la “mutabilidad continua del humano”, hace imposible que su voluntad NO cambie.

El hombre no tiene una naturaleza fija, como el perro. Pues es libertad, capacidad de cambio; así lo expresan las corrientes filosóficas del existencialismo.

Según algunas definiciones, se dice que una persona es fiel, cuando es fiel en sus actos y pensamientos hacia otra persona. Y eso es terrible, catastróficamente imposible y naturalmente falso. Genera un gran sentimiento de culpa.

Por nuestra naturaleza humana, no tenemos control voluntario sobre la imaginación, sobre los deseos, ni sobre lo que pensamos.

Se necesita mucha voluntad y capacidad de concentración, para mantener el pensamiento fijo, en un tema cotidiano cualquiera. -Concluye José

-Si, es cierto, mi fantasía vuela, a veces me asusta. -Ríe Victoria y agrega.

-En mi caso, yo no le creo nada a lo que me dice mi pareja. Es un mentiroso, lo he pillado en varias. -Se queja fastidiada Victoria.

-Bueno. Ahí está una buena definición. Tu lo estas diciendo y sin darte cuenta. “Yo no le creo nada” dices. -Señala José

-Es que la fidelidad es una cuestión de fe, le crees, o no a tu pareja.  Viene del latín, se dice “fidelita, que significa mantener la fe en alguien.

Y como se trata de la fe, que no tiene una explicación racional, simplemente la tienes o no. Cuando la tienes, está bien, pero cuando la pierdes, cuesta muchísimo recuperarla.

-La vida es una mierda. -Afirma Victoria. -No se le puede creer a nadie.

-¿Sabes?. Creo que es más posible ser leal que ser fiel. O mejor, apostar más en la lealtad que en la fidelidad.

-Me sigues jodiendo José, ¿acaso no es lo mismo?, La RAE lo da como un sinónimo donde  la lealtad confirma la fidelidad. -Desconcertada Victoria pide que el explique.

-Es cierto, y los psicólogos coinciden más o menos con la definición de la RAE. Pero yo no.

-La palabra lealtad, te da la oportunidad de un debate, de dar una explicación, te permite algún nivel de error o equivocación, que si lo aclaras lealmente, te da la posibilidad de la compresión del Otro y tal vez el perdón.

Pero la palabra fidelidad no. La fidelidad no te da chances, se es en cuerpo, mente y alma o no se es.

La lealtad, dicen los manuales, que significa algo así como una actitud de apegarse a la ley.

Para mí, más bien es una virtud humana que trata de fijarse una conducta en la vida, un compromiso con uno mismo y humanamente tratar de cumplirlo tanto como sea posible. Es decir, fijarse que tan ancha es la avenida moral por la que queremos transitar.

Te permite los peros.

Al menos para mí, así lo és

Por ejemplo;

Me gustaría vivir en Roma, amo Roma, pero moriría por mi Argentina si me necesita.

Esta empresa es un asco, pero la defendería ante cualquier circunstancia.

Soy leal a mi movimiento, a mi club, pero algunos dirigentes son un asco.

Me fascina esa mujer, pero elijo a mi pareja por los años de lucha juntos, porque es la mejor, por los recuerdos hermosos, porque le tengo fe para los tiempos difíciles, porque somos equipos.

En el último ejemplo, desde la lealtad, es posible que te comprendan, y fundamentalmente que te justifiques y te perdones, pero de la fidelidad, NO. Sencillamente no lo admite. No hay lugar para la razón.

-¿Tu dices que al ser leales, es como que nos afloja un poco la conciencia, y tal vez, nos hace más confiables?. -Pregunta Victoria

-Si, porque te permite observar, valorar, entender y perdonar los actos de lo que sucede alrededor, sin esconder ni mentir. Te permite medir los actos de otros, dentro de lo límites de esa avenida moral que te has fijado para vos mismo. …Creo. -Afirma José. Lo dice como masticando la idea.

-¿Y según vos, que te haces el que se las sabe lunga, cómo funcionarían en las parejas, solo bajo la idea de la lealtad? – Pregunta Victoria.

-También es muy difícil, por una formación cultural tan arraigada, como mutante. Pero se puede intentar.

Pero creo que solo con la verdad. La verdad, tu verdad, aunque puedas estar equivocado, es la que te hace leal. La verdad de él, es la que lo hace leal a él.

El problema de la verdad, es que hay que bancarse la verdad del otro, cuando el otro trata de ser leal con vos, y confirmar su lealtad, aun con errores. Pero la fidelidad no te permite errores. – Concluye José

-Bueno, pero hay que ser especial para aceptar algunos errores, y para eso hace falta ser muy honesto con uno mismo y reconocerse en sus propias debilidades, para así poder reconocer y aceptar en el otro, su humanidad. -Le retruca Victoria.

-Si, hay que ser muy generosos para lograrlo. Significa despojarse de los yoismo, la soberbia y el orgullo. Si no, no se puede. 

Y así, en esas condiciones, con esas reglas de juego claras, sentarse a hablar y resolver con lealtad. Para un lado o para el otro, pero con lealtad. – Razona José

-Ay José, que difícil que es todo. -Opina Victoria.

-Y ¿Vos cómo resuelve tus líos amorosos?, si ya sé, no tienes, no crees en el amor y mucho menos buscas compromisos.

-José la mira por un rato en silencio mientras piensa la respuesta y finalmente contesta

Yo elijo ser leal conmigo mismo, por que de lo único que puedo estar seguro, es de lo que hago, de lo que pienso y de lo que siento.

Respecto del Otro, para mí, es una cuestión de fe. Le creo, o no le creo.

Yo elijo en base a mis mentiras mas ocultas, mis verdades más cuestionables, mis temores más angustiantes y mis circunstancia, construir mi propio infierno. No se si lo dijo así Jean Paul Sartre, pero es problema de él. -Ríe José por su propia ocurrencia.

-Si, y el infierno del Otro,…es del Otro. – Agrega Victoria

-¿Y como acaban las cosas románticas para vos, hombre libre y sin sentimientos?. -Pregunta y ríe Victoria.

-Si todo acaba un día, es por que deje de sentir, o deje de creer, o ambas.

Y ahí, deje de elegir.

Por que para elegir, hay que tener algún motivo, algún incentivo.

Te lo aclaro con un poema. – Ríe José

Yo elijo, día por día, volver a tu casa, mi casa, nuestro hogar.

Porque ahí moran los recuerdos, la tranquilidad y la paz.

Por qué no hay otro lugar, más seguro y acogedor en el universo.

Yo elijo, día por día, tus labios para beberme la vida.

Embelesarme en el sonido de tu voz.

Abrevar en tu sabiduría, y comunicarme con tus silencios.

Tus consejos certeros, la suavidad de tus modos y tus palabras halagadoras.

Yo elijo, día por día, tus brazos para cobijarme en ellos.

Tú regazo para recostar mi cabeza y aliviar mis angustias.

Tus manos para caminar tomados,  exhibirme y exhibirte.

Y que todo el mundo sepa, que yo te elijo.

Yo elijo, día por día, tus ojos para mirarme en ellos y conversar con tu alma.

Tu desnudez con la mía, recorriendo la calidez y suavidad de tus montes y valles.

Tus labios trémulos,  tus aromas de mujer apasionada, sin complejos ni culpas.

Yo elijo emborracharme en tu humedad y quedarme en ti.

Porque yo, …MUJER,

te elijo, día por día.

-José abre los ojos, y no sabe en qué momento se paró a recitar, pero a su alrededor había personas escuchándolo con mucha atención.

Una mujer madura, sentada en otra mesa, se quedó tildada con los ojos muy abiertos, con la media media luna levantada en una mano, la taza en la otra, mientras de su boca abierta, se derramaba el último sorbo de café con leche, sin siquiera darse cuenta.

José divertido, se sienta y dirigiéndose a su amiga asombrada, con cara de asombrada.

¡José estás con alguien! –exclama Victoria. -¡Dime, dime, dime José quien es Ella!; ¡dale por favor contame!.

-Victoria agita las manos urgiendo a José, ese viejo y solitario empedernido, que le cuente quién es la persona que le inspiró el poema que acaba de recitar.

José la mira, está gozando el momento de desesperación de su amiga por saber. Entorna su mirada, le cambia el rictus de su rostro y mantiene el silencio por varios segundos, solo para aumentar la expectativa.

Sin decir palabra, se para, saca de su bolsillo un billete para pagar su cuenta, sin quitar la mirada seria y sobreactuada sobre su amiga.

-¡No te vayas sin contarme!, ¡No te atrevas a dejarme así, sin saber!; ¿Quién es Ella José? –Le grita Victoria

José, cambia su rostro a modo enigmático y le contesta

-No estoy con ninguna Ella, pero Ella sabe, que Ella,…será Ella, algún día.

-Victoria pone cara de psicópata asesina, lo ve irse y le grita: -¡Que carajos es ese acertijo!

-José con la sonrisa burlona dibujada en su rostro se va caminando por Rivadavia al oeste

-¡José, José!; me encantó tu poema. –La chica de la confitería que había escuchado todo, le habla mientras camina a su lado y le pregunta.

-¿Por qué solo  “día por día” en tu poema?

-José la mira y le pregunta la edad, ella le contesta que 26 años.

-Ese es un punto –Contesta José y con su índice levantado, y aumentando el volumen y tono de su voz, apostrofa teatralizando a un profeta;

“Vivimos en un mundo  de Tentaciones

y navegamos en océanos de Deseos,

impulsados por las velas hinchadas

de los vientos del Ego,

donde el Fuego que se enciende,

solo se mantiene,

…por la Magia combinada de dos,

y la Lucha es,…  día por día”.

Finaliza José

-Y si fracasamos. -Pregunta la moza riendo por la teatrina callejera.

-…y si fracasamos, le damos la razón a la Cantilo. –Sentencia José.

Se toman del brazo y van dando pasitos de baile con el  índice apuntando al aire, por la vereda, cantando bajo la mirada sorprendida de los peatones;

“Porque nada es para siempre

Nada es para siempre

No me digas, mi amor, que te falta valor

Porque nada es para siempre”

En la mesa de los políticos lo escuchan a José cantar y perseguidos como son,  con cara de embole, cuchichean algo entre ellos. José, se saca el sombrero a modo de saludo y continúa;

Por que nada es para siempre

nada es para siempre….

En la esquina de calle Mendoza se despide de la moza y José se va sonriendo por su última picardía.

Por José Pepe Alvarez

 

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