Es media mañana del tercer domingo de abril en Zonda. El sol se presenta espléndido, la suave brisa fresca mueve las ramas de los grandes árboles, compitiendo en sonoridad con los benteveos y los jilgueros, en el predio donde se espera que lleguen los comensales y las visitas especiales de la jornada.
Natalia, es una joven y hermosa mujer de enormes ojos claros, abogada de profesión y dueña de la parrilla de campo, que se encuentra ni bien se pasa la rotonda que desvía el camino a Villa Basilio Nievas.
Ella le llama su “Sueño”. Y desde hace varios años, trabaja con mucha dedicación para convertirlo en la realidad de hoy, Sueños del Sur. Un lugar atendido solo por mujeres de Zonda.
Instruye a las chicas del lugar, respecto de las ubicaciones de las mesas para los turistas circunstanciales de visita en el lugar. Pero teniendo muy en cuenta que hoy viene don José y su familia y ha pedido detalles especiales en el menú.
Su pareja, enciende los leños del horno de barro, la parrilla y del asador a la llama, donde piensa poner una punta de espalda y un chivito que habían sido adobados con limón y hierbas aromáticas la noche anterior. La receta es un secreto. El resultado es manjar de dioses.
José les había advertido a sus invitados que venían de la ciudad, que la hora de llegada al lugar no debía exceder las 13:00 horas y que debían dejar los relojes y las preocupaciones en sus respectivos domicilios por que la jornada se extendería hasta después del te.
La idea es disfrutar en plenitud de un día de campo para poder apreciar lo que él le llama “un fino concierto sensorial”, puesto que todo había sido elegido para ese fin. Y un reloj no le debía arruinar la tarde.
“Si no vienen preparados para disfrutar, mejor no vengan”. Es la consigna algo autoritaria de José.
Además es un festejo especial, su hijo menor, Juan, cumplió 16 años y José había decidido que lo iba a festejar, aun, en ausencia del cumpleañero. Y lo iba hacer con su gente más cercana. Su familia.
Esta situación, lo predispone a José de manera algo especial.
12:30 horas llegó José para recibir a sus invitados.
Los primeros en arribar, Silvina, su hija, Maxi su esposo, y sus dos hijos, Rocío y Nacho.
Sofía y su hijo Joaquín, llegaron minutos después.
El confort de la naturaleza
Todos sin excepción, a medida que ingresan al predio, se van quedando sin palabras.
Como un abanico se abre el paisaje a medida que avanzan.
A la derecha, los recibe un enorme plátano detrás de la casa, a la izquierda, nísperos y una hileras de moras que dan continuidad de sombra por 40 metros o más.
En el centro, un pimiento gigantesco con una sombra de unos 30 metros de diámetro y a su lado, un sauce llorón que aporta sus colgajos de hojas verdes brillantes y luego un siempre verde.
Al costado derecho, un muro de álamo y cañas tacuaras y, hasta el por ahora, una pequeña especie del casi extinguido carolino.
Un verde limpio y regado césped cubra toda la extensión, agregando frescura al ambiente
De fondo, hacia el sur-este, las sierras de Zonda.
José, sentado en un cómodo sillón hamaca de jardín, de esos de hierro, asientos y respaldo con cojín, los espera debajo del pimiento, y a medida que van llegando, se van sentando en sillones similares. Comentan lo hermoso del lugar.
Al lado, está el largo mesón previsto para almorzar.
Los niños se independizan de los mayores y se van a jugar entre los árboles, dando rienda suelta a sus fantasías, inventando personajes a demanda, según el juego que inventan.
Sentados todos alrededor de la mesita de patio, José los invita a relajarse y disfrutar.
-Hijos, tomen asiento, dejen a los niños que jueguen libres por la finca y relájense. –Pide José
-¡Que hermoso lugar!. –Dice Silvi
-¡Muy lindo!, de la calle no se ve, yo se pasar por aquí en la bicicleta cuando salgo a entrenar y no me había dado cuenta. -Afirma Maxi
-¡Me encantó Paa!. Los árboles, las plantas, los cerros, todo. – Exclama Sofía
-Disfruten, tómense un momento para ustedes, cierren los ojos y déjense llevar por las sensaciones. Pónganse en armonía. -Pide José
-Sientan la brisa, disfruten de la sombra, escuchen el trinar de los pájaros y aspiren profundo. –vuelve a pedir José
Placer por la gastronomía
-¡Papá qué rico olor a pan casero!.- Exclama Silvi
– Permiso. – Pide Marcela, una de las dos chicas que llega para distribuir los platitos con la picada sobre la mesa, compuesta de manteca, aceituna negra y verde, chorizo colorado, unas fetas de jamón crudo serrano y rulitos de queso pategras, salame picado fino, seso y lengua preparado con una salsa de base a aceite de oliva y hierbas aromáticas.
Graciela, acerca el vermut, hielo, jugo de pomelo, y soda más gaseosas para los niños.
Natalia llega con una bandeja de humeante y aromático pan casero.
Sofía se abalanza sobre el pan casero y la manteca, mientras maxi preparar el vermut para Silvi y para él.
-¡Mamaaaa!, ¡mamá me sirves coca! – Joaquín interrumpe a Sofía cuando se preparaba a dar el primer mordisco al pan con manteca, salame y queso.
Silvi preparó pan con seso para Maxi y pan con jamón crudo para ella
-¡Maaaa!, ¡yo también quiero coca!. –Nachito le reclama a su madre
-Papa me das un sándwich de pan con salame. – Le pide en actitud compradora y al oído Roció al padre.
Ambos dejan de hacer lo que estaban haciendo y les sirven lo requerido por los hijos.
-¡Listo y a jugar en el parque! –Casi como que les grita Silvi a los tres niños
Y se disponen a disfrutar de la picada, pero con la atención puesta en el juego de los niños.
José los mira complacido a los tres, sonríe, se recuesta sobre su sillón hamaca con un vaso de vermut en una mano y un sándwich de pan casero, manteca y jamón crudo en la otra.
Con verdadero placer degusta de ambos, casi como burlándose de sus invitados.
-¡Que rico que está! –Exclama Sofía con el primer bocado, la misma expresión emiten Maxi y Silvi
-¡Nachooo!, ¡bájate del árbol que te vas a caer! – Grita con fuerza Silvi. Los pájaros deciden cambiar de vecino y en bandada se van para otro lado.
Maxi se levanta de su sillón y va al rescate de su hijo para bajarlo del árbol.
Más o menos así transcurre la media hora hasta, que una de las chicas se acerca y los invita a sentarse a la mesa donde la parrillada se va a servir.
En ensalada va, la clásica ensalada mixta, y la especial de tomate con cebollitas de verdeo, huevo duro y palta, también la de lechuga con gajos de naranja partido a la mitad para que desangre..
José pidió la de lechuga con abundantes gajos de naranjas, condimentada solo con sal y aceite de oliva. Según él, es la ensalada más “refrescante” para “cortar en el paladar” la parrillada.
Tinto Cabernet Sauvignon y vino blanco Chardonnay, para maridar a los chinchulines, molleja y riñón en salsa de aceite oliva perejil y otras aromáticas. Punta de espalda a la llama, costillas cortada anchas y vacio, mas chorizos y morcillas, conforman las dos parrillas portatil con brasa que les acercaron a la mesa.
Dos canasta de pan casero son colocadas también, más papas fritas y las gaseosas para los niños
-¡Mamaaaa servime papas fritas! – Pide a los gritos Joaquin
-¡Yo también quiero! – Grita Nacho
-Papa me das ensalada de tomate con palta. – Le susurra al oído Rocío a Maxi
Los niños son atendidos por las madres y Maxi
José se sirve eligiendo de todo un poquito y acompaña con vino tinto.
Propone un brindis por el cumpleaños de su hijo. Pues el almuerzo es para homenajearlo a él.
Saborea cada bocado, y “corta en el paladar” con su ensalada de lechuga y naranjas. Con un pedacito de pan, sopa en el jugo de tomate levantando en el acarreo, una cebollita de verdeo. Cierra los ojos y respira profundo mientras mastica lento.
Verdaderamente lo disfruta y se nota en su rostro.
El almuerzo transcurre en animada charla, interrumpida por gritos de niños y reproches de madres a los niños.
Maxi atiende un par de veces el celular, da órdenes a colaboradores de su empresa, se levanta, camina alrededor de la mesa y luego se sienta y trata de engancharse en la charla.
Su empresa trabaja todos los días
El postre es ensalada de fruta con una o dos bochas de helado a elegir. Hay cuatro sabores, chocolate, dulce de leche, frutilla y crema americana.
Al finalizar su postre, José se levanta de la mesa, deja a su familia sumergida en el barullo, se acomoda el sombrero, y con las manos tomadas detrás, camina lentamente, recorriendo cada árbol, los mira, toca sus hojas como queriendo memorizar su textura y tamaño.
15 o 20 minutos le toma el recorrido para volver al sillón de jardín, donde ya se había acomodado la familia, niños discutiendo incluidos.
-Mi querida familia, ¿Por qué no le dan lo que quieren los niños y los mandan a jugar? – Pide José con una amplia sonrisa en su rostro, y continúa. -Así podemos conversar.
– Los niños, sin mayor esfuerzo, se van a tratar de conquistar altura trepando a un árbol.
-¿Y?, ¿qué les pareció la juntada? –Pregunta José.
-Muy buena elección del lugar y riquísima la comida. –Dice Sofía
-La verdad que muy bueno todo. –Asiente Maxi
-Sí, me gustó mucho Paa. –Afirma Silvi
-José los mira, se reclina sobre su respaldo para acomodar su larguirucho cuerpo y continúa- ¿pudieron sentir el placer por el confort de la naturaleza?
-Sí, el lugar es muy agradable, pero has visto, los niños son muy demandantes. –Afirma Silvi
-Yo un poco intranquila, mañana me espera un día pesado por la cantidad de informes que tengo que hacer, pero bien, sí muy bien.- Cuenta Sofía
– A mí no me dejan en paz de la empresa, hubo un problema y había que resolverlo, más los niños, es como que se complica un poco. Pero el lugar no lo conocía y es muy agradable. – Opina Maxi
-Si, por supuesto. ¿Y, qué les pareció la gastronomía?.- vuelve a preguntar José
-Pan casero y la picada, bueno todo, la parrillada, todo, fue un placer.- Observa Maxi
-A mí me gustó todo hasta que se me atragantó la punta de espalda cuando Nachito se cayó al agua.- Dice jocosa Silvi
-La verdad que exquisito paa, todo muy rico. De lo mejor que he comido y bien atendido en mucho tiempo. -Afirma Sofía
Felicidad por el reconocimiento
-Bien, ahora quiero que me hagan un favor, -pide José- cuando traigan el café y el mate, y las semitas caseras, reconozcan a Natalia, lo bonito del lugar, el esmero en la cocina, lo sabroso de lo servido, el sacrificio de lo que significa mantener el lugar y los puestos de trabajos en situación de pandemia.
Y a la señora que nos ha atendido, reconozcan el servicio, la calidez de la atención y aseguren que van a recomendar el lugar a sus amigos.- Pide José y además advierte
-Pero observen con atención los ojos, la boca, los gestos de los rostros y hasta los movimientos involuntarios del cuerpo de la mujeres, cuando les hablen.
-Así lo hicieron, cada uno a su turno alabó, agradeció y comentó lo que estaban viviendo
Se retiran las mujeres y José se presta a saborear el aromático café.
-¿Que vieron en las mujeres?. –Pregunta José
Re chochas, re contentas, felices, emocionadas y agradecidas por los elogios fueron los conceptos vertidos por todos.
-¿Y ustedes que sintieron?. –Vuelve a preguntar José
Emoción, una felicidad reconfortante, bien, muy bien, fueron las emociones que sintieron cada uno.
-Bien mi querida familia peripatética, quiero contarles que hemos puestos bajo experimentación, dos de los tres conceptos respecto de la felicidad que propuso Aristóteles hace un poco más de 2500 años. Más algunos otros –José toma posición para explicar su punto
– La felicidad por placer, es una de las tres formas de felicidad propuesta por el filósofo griego.
Aquí hemos tenido la suerte de disfrutar de la felicidad por el placer de la naturaleza, de lo paisajístico.
Luego, la felicidad por el placer de lo gastronómico, donde pudimos encontrar los cinco sabores básicos artística y exquisitamente mezclados. Un placer divino según el Papa Francisco
Luego pudieron observar el segundo de las tres formas, la felicidad por el reconocimiento en la mujeres y hasta ustedes ligaron algo por otorgarlos.
Los que ustedes experimentaron es la sensación de “el hombre o mujer buenos” .
Si cultivan esta actitud y la hacen un hábito, podrán perseguir la virtud, y en el futuro alcanzar el tercer estado de la felicidad, según Aristóteles.
Y hay otro concepto más a destacar, el tiempo para ser feliz.
Aristotele decía que la felicidad se alcanzaba al final de la vida, pero ustedes han experimentado hoy como chispazo de felicidad, cuando han tenido tiempo. -Afirma José para luego agregar
El tiempo del “Debo hacer”
-Ustedes están atravesando el Tiempo Productivo, es el tiempo del “Debo Hacer“.
El tiempo donde se vive para educar niños, para trabajar, para comprar Cosas.
Y por sus trabajos, sus logros y sus éxitos esperan el lógico reconocimiento, de sus pares, de sus familias y amigos y por qué no, de sus clientes. Por que junto con ellos, vendrá también el reconocimiento económico para el cual se esfuerzan.
El éxito económico, les dará seguridad, confort y estatus social.
Pero hay otro reconocimiento que no se les dará en este Tiempo Productivo.
La de “buen hombre o mujer”. Se consigue siendo un buen hijo, buen esposo, buen hermano, buen amigo, buen jefe, buen compañero. Pero les llegará al final cuando verdaderamente lo necesiten.
Conseguir este reconocimiento requiere de mucho trabajo, mucho esfuerzo, carácter, integridad, valores, etc. No es fácil, es un trabajo de todo los días.
El tiempo del “Quiero Hacer” y la Felicidad de la Contemplación
-¿Y vos papá, en qué etapa de la felicidad estás?. –Pregunta Sofía, se ríe fuerte José
-Hija, estoy en mi tiempo del “Quiero Hacer”. Y para eso tengo el tiempo y la decisión que necesito.
Aristótele decía que la felicidad de la contemplación es el grado más alto de la felicidad pura. Se necesita disponer de tiempo para contemplar.
Isabel que es artista plástica, muy talentosa y reconocida y una gran persona y amiga, construyó en el fondo de su casa, una torre con un sillon de living en la punta, solo para mirar la puesta de sol, además de sacar fotos maravillosas de la naturaleza y compartirlas con sus amigos del facebook.
Eso es contemplación, y creo que por eso, ella es una mujer alegre y feliz
Yo en cambio, me hice senderista, y camino con mi grupo por los cerros, miro la naturaleza, los horizontes y las puestas de sol, las formas de los plegamientos rocosos, las flores silvestres, la orientación de la jarilla, el color de la piedras, el olor de la naturaleza.
También observo a las personas, sus conductas, sus actos, escucho sus penas y sus pensamientos.
Creo que eso también es contemplación
Yo digo que Tranquilidad es el nombre de mi Felicidad.
Agradezco a Dios por mi, todavía fortaleza física, psíquica y cognitiva.
Me voy desprendiendo de la cosas que no me hacen falta y las pocas que me hacen falta, no las cambio ni por funcionalidad ni por modernidad.
Avanzo reconciliandome con quien me enemiste, pidiendo perdón y perdonando, incluso al que me ofendió y no me lo pide.
Camino lento, de la mano de mis afectos y recibiendo su reconocimiento, esperando por los afectos que se fueron lejos, y que tal vez un dia vuelvan.
Tengo el tiempo para disfrutar de los placeres efímeros como los de hoy.
Mientras camino, observo todo lo que antes no tenía tiempo. Leo, pienso y escribo, para compartir lo que leo, veo y pienso.
Voy buscando estar en paz
Debo llegar muy liviano de cargas a la estación, donde sentado en el banco del andén y con serena felicidad y sin temor, esperaré, como decía Facundo Cabral, el tren de la eternidad que debe pasar a buscarme.
¡Me trae la cuenta por favor!.
-Finaliza José
Por José Pepe Alvarez