Ilustración de la Artista Plástica Estela Milán en su obra “Por lo Alto“. La obra sintetiza la composición social de un mundo, segun nuestra mirada.
El médico acompaña a Carlos que ya se ha repuesto de sus heridas,  pero sin recuperar su memoria (El hombre que perdió la memoria) ,hasta el hall de entrada de la Hospital Rawson, donde estuvo internado, lo saluda y lo deja en manos de su familias. Carlos tiene la sensación de que está siendo arrojado a un mundo al que teme y que debe imperiosamente entender.

En la casa

-Bien querido, esta es tu casa, aquí el comedor, este es tu lugar en la mesa para comer, la familia se reúne a ver televisión en este sector del living. Esa es tu computadora y esta es mi notebook, la cual no puedes abrir.
Este es el baño, no orinar fuera del inodoro y menos sobre la tabla, no dejar raspa, aquí está el cepillo para remover lo que el agua no se lleva. Este es el botiquín y en este sector están tus cosas, no puedes usar este otro sector porque es mío. Después de la ducha, el piso se seca y se abre la banderola para evacuar los vapores u otros gases y olores.
¡Ahh!,  no olvides de usar el desodorante de ambiente.
Por aquí está nuestra habitación, este es tu lugar de la cama y tu mesita de luz, yo duermo de ese lado y esa es mi mesita de luz, la cual no debes abrir bajo ninguna circunstancia. Esta noche dormimos juntos.
Estos son tus cajones en el acomoda, los de la derecha son míos, en el de arriba van tus calzoncillos, abajo las medias, y en el tercero… no, el tercero también es mío.
Tu lugar en el placard es el sector de la izquierda. No puedes abrir mis cajones ni ocupar mis perchas. –Le advierte Sara, su esposa.
-¡Hola paa!, ésta es mi habitación y es fácil, no puedes entrar a no ser que yo te invite.- Con una sonrisa le advierte el hijo.
-Hola papi, ésta es mi habitación y no puedes entrar y punto. – Le informa su hija
-¡Hola viejo!,  ésta es mi mascota, duerme en mi habitacion y tu debes sacarlo todas las noches antes de acostarte, a caminar por el barrio, y no te olvides de llevar dos bolsas, una para alzar la caca y otra para guardarla. – Le informa el menor.
-Cariño los sábados debes cortar el césped y los domingos debes preparar el asado y la mesa en el quincho. -.Le informa su esposa
¡Ahhh! y también debes sacar la basura todas las noches después de pasear al perro de tu hijo. ¿Sonó mal, verdad?, quise decir la mascota de tu hijo.
Y te acuestas temprano esta noche porque mañana yo trabajo, nos levantamos a las 7, prepara el desayuno, no te preocupes mucho, solo café con leche y pan tostado, manteca y mermeladas para todos.
Supongo que te acuerdas como se hace una tostada. Ahora, te arreglas un poquito que pasamos por tu trabajo, que tu jefe quiere verte. Y luego te quedas con toda la mañana y la tarde libre.

En la oficina

-¡Hola Carlitos!, ¿qué gusto tenerte de vuelta por la oficina?, Yo soy Jorge tu jefe, ¡que piñon que te pegaste! No te preocupes, confiamos que pronto vas a recuperar esa memoria tuya. –Jorge se queda pensando un instante y agrega-, debe ser bueno perder la memoria algunas veces. -Ríe a carcajada, seguramente en su imaginación algo non santo tendrá.
-Luisa te va a ayudar en todo lo que necesites, no te preocupe, un reconocimiento por las oficinas, que Luisa te explique lo que debes hacer y lo que no debes hacer, y luego que te llevan a tu casa, debes volver, cuando te den el alta definitiva.
Y por favor Carlitos, trata de adaptarte rapidito porque sos un tipo caro y debes producir lo que ganas multiplicado por veinte. –Ríe otra vez Jorge-  es un broma, no es por veinte, es solo por diecinueve- Vuelve a Reír Jorge. Carlos se pregunta ¿de qué carajo se ríe el tarado este?
De vuelta Carlos en su casa, no sabe si entrar o si no entrar, no sabe lo que debe hacer o lo que puede hacer.
-¡Amigo, que gusto verte! -Sariel llega en auxilio de Carlos
-¡Sariel amigo!, estoy muy confundido y tampoco se si sos mi amigo.
En el hospital me traste para el orto, y de eso si me acuerdo. Con el asunto ese del Juicio de los Otros. (El hombre sin memoria).
Tengo mucha angustia y miedo, es más, estoy aterrorizado. Me sacaron de ese hospital y aquí, afuera, todos me sonríen mostrando los dientes, pero creo que en verdad me gruñen, todos, todos, hasta lo que dicen que son mis hijos, todos Sariel.

Encajando en el mundo

Tengo la sensación de que me han arrojado a este mundo sin un manual de instrucciones. –Muy angustiado Carlos le cuenta a Sariel
-Tranquilo Carlos, sé que debes estar muy asustado, pero poco a poco vas a ir entendiendo cómo funciona el mundo. -Sariel trata de tranquilizarlo.
-Es que el mundo ya está hecho Sariel, y yo soy solo una minúscula pieza de un rompecabezas al que quieren modelar a martillazos para poder encajar.- Se queja Carlos.
-Interesante mirada la tuya Carlos, si fueras un bebe, te modelarían despacito, vos no te darías cuenta y encajarías desde el vamos. Pero de grande, es otra perspectiva muy muy interesante.
Sos un tipo de 40 años que perdió la memoria, entiendo, es más difícil para vos y para los Otros hacer que encajes.
Con respecto a que el mundo es como un rompecabezas, te confieso que tienes alguna razón en mirarlo así, pero es un rompecabezas dinámico, se mueve, y cambia de formas, y las piezas se reacomodan y se remodelan conforme a tu mundo cercano vaya cambiando.
Pero no te preocupes, los cambios se producen con mucha lentitud como para angustiarte y se ven venir de lejos, así que te da tiempo para que tu solo te remodeles, conforme a las circunstancias y te garantizo que ni cuenta te vas a dar.
-Si, despacito como la pandemia del Covid. -Retruca Carlos

Libertad para elegir, opciones

-Sariel invita a Carlos a caminar, para conversar y aprovechar para que su amigo vaya reconociendo el entorno, y cómo manejarse en las cercanías de su casa, toman rumbo a la ciudad, algo que les queda cerca.
-Carlos, lo primero que debes entender, y es muy importante que me escuches con atención, es que sos un hombre esencialmente libre, que tienes libertad para elegir, según las teorías y corrientes filosóficas desde Sartre hasta Sócrates, si quieres.
Y lo segundo es más fácil, solo debes observar con atención lo que hacen los Otros… digo como para empezar.- Le sugiere Sariel.
-No jodas amigo, llevo medio día en la calle y lo único que me han dicho es; no puedes, no debes, no eso, no aquello, no lo otro. –Se queja Carlos- Libre, ¿libre para qué?, ¿libre para hacer qué cosa?, ¿Qué es ser libre?

Libre para elegir

-¿Libre, así como libre, libre?.- Pregunta Carlos
-Bue… libre como libre para hacer lo que se te ocurra NO. Sos libre como para optar entre algunas  pocas opciones… y nada más.
Y no jodamos, porque está la libertad de los Otros también y todos deben caber en este mundo y cada uno con su propia libertad. –Le explica Sariel, mientras van caminando por la peatonal Rivadavia, ubican un banco de hormigón desocupado y ahí se sientan.
-Pero como individuo puedes hacer lo que quieras. -Explica Sariel
-¿Cómo qué? –Pregunta Carlos
-Vestirte como quieras, comer lo que quieras, caminar por donde quieras, y esas cosas… qué se yo. -Contesta Sariel.
Carlos se levanta, va hacia la confitería, retira una silla, la lleva a la esquina, se sube en ella, se  desabrocha la camisa.
-¡Qué haces loco!, ¿te vas a desnudar? –Desencajado Sariel detiene en su acción a Carlos.
-Si quiero pedir a quienes me conozcan que se arrimen así nos presentamos y me ayudan a recuperar la memoria. – Dice Carlos.
-¿Pero desnudo en ésta peatonal?
-Si tengo calor. – ¿Y que… ? –Responde Carlos divertido por la broma que le está jugando a Sariel.
-No loco no puedes, a la Otros no le va a gustar, va a venir la policía te van a detener. –Trata de explicar Sariel
-Entonces no puedo usar mi libertad individual. –Carlos mira a Sariel sin poder contener la risa por la broma que le estaba jugando.
-¡NOOO!, ¡no así loco!,  A los Otros no les gusta. – explica con estupor Sariel
-A mí no me gusta cómo va esa mujer vestida, se lo voy a decir, total de esa mujer, yo soy su Otro. –Desafía Carlos
– ¡Señora!, pshh ¡Señora!.- Grita haciendo ademanes Carlos.
Sariel, toma a Carlos del brazo como si fuera un niño y lo obliga a sentarse.
-Te explico Carlos, la regla social es que vaya vestida, luego lo que usa, es una decisión de ella en absoluta libertad, ella eligió esa ropa entre varias opciones que seguro tiene. -Una vez más le explica Sariel.
Sariel toma su maletín, lo abre y saca la Constitución Nacional, luego la provincial, saca también el código penal, el civil y comercial y el código impositivo, la leyes provinciales y las ordenanzas municipales y las va desparramando sobre el banco hasta cubrirlo todo y sigue colocando más en el piso, aqui estan las resoluciones vigentes, los DNU, los boletines oficiales, las decisiones del consorcio donde vives, el reglamento para empleados de tu empresa, las condiciones de tu obra social, el seguro. Y le dice a Carlos.
¿Ves todos estos libros, todos los papeles?, ¿los ves?, aquí está todo lo que NO puedes hacer.
¿Quieres encajar en el mundo?, pues respeta cada una de las normas que están escrita aquí.
Lo que aquí NO figura, es lo que PUEDES hacer. ¿Entendiste?
Y la Ley es una y es para todos, todos son iguales ante la Ley y nadie puede argumentar desconocimiento de la Ley.
Obvio, en teoría. Hay jueces que tampoco conocen la Ley. Pero igual te joden, ellos dicen que la “interpretan“, y hay cada interpretaciones que ni Leo Sbaraglia podría.

Bueno dejemos los comentarios al margen.

Por que si no logras encajar, te van a sacar del medio y te van a enviar al depósito de hombres desencajados que se encuentra por la Av. Benavides en Chimbas.

¿Entendiste?. ¿Alguna pregunta? -Sariel le apura a Carlos.

-Si…todos esos libros no entran en ese maletín. ¿Como hiciste?.
– Pregunta Carlos sorprendiendo a Sariel que está al borde de un ataque de nervios
Sariel lo mira a los ojos con intenciones de aniquilarlo con la mirada, pero se contiene.           -Ponete serio y sigamos. -Le ordena Sariel. Carlos se recompone y pregunta.
¿La libertad está limitada por la cantidad de opciones?, ¿Cómo y quién da las opciones? – Pregunta Carlos. -Piensa Sariel la respuesta y contesta.
-Y si, las opciones te limitan la libertad. A veces tienes dos opciones y estas libre de elegir entre esas dos opciones, a veces tienes más, y puedes elegir entre un menú de opciones.
Pero también me pregunto, para que se requiere mayor cantidad de opciones, si a veces no se sabe que elegir para comer, o si se tiene una gran incógnita, se recurre a consultar a un tercero sobre que debes elegir.
Y otras muchas veces eliges al azar por no tener idea de lo que quieres hacer.
O el marketing te coloniza el cerebro y eliges cualquier verdura que te ofrezcan en la televisión y sin pensarlo.
Además siempre, una vez que elegiste, te queda la pregunta ¿y si hubiera elegido la otra opción?, me imagino si tuvieras 100 opciones, te preguntarías qué hubiera pasado con las otras 99. Y eso genera angustia.
El hecho de elegir todos los días y cada rato y sobre cualquier cosa genera angustia.
Por consiguiente, la libertad también genera angustia. Porque eso también significa que te tienes que hacer cargo de cada decisión y sus consecuencias, aun, hasta de las que parecen más insignificantes.
Y cada decisión en tu elección de opciones, también te definen y te etiquetan.
Aun así, me parece que mientras más opciones se tengan, mejor es.
Pero sabes Carlos que hay libertades que son esenciales en la vida de una sociedad como la libertad de opinión, de expresarse, de circular, de educarte de elegir la religión que quieres, de elegir a tus gobernantes o representantes. Son derechos que se conquistaron a lo largo de los siglos.
Respecto a cómo y quién da las opciones, supongo que serán las circunstancias. -Finaliza con cara de volado Sariel.

Calidad de las opciones

¡TAN TAN TAN tana-taran TAN TAN!
¡TAN TAN TAN tana-taran TAN TAN!
-Oyes, ¿que es eso?- Pregunta Carlos
-Son los bombos y los redoblantes de la gente de los barrios pobres que vienen marchando. Van a dar una vuelta a la plaza de Mayo y luego se dirigirán a la legislatura. –Responde Sariel
-¡Vamos a ver!- Invita Carlos, se levantan y caminan hacia la plaza.
Una chica de unos 25 años de la agrupación, cansada se sentó en un banco de la plaza, en un cochecito lleno de mantas y juguetes viejos y de entre ellos, surge una beba.
Carlos se acerca curiosos, y se sienta al lado de la piba mientras Sariel se mantiene de pie.
-Hola, es tu beba? ¡que bonita!, ¿Y esos otros dos nenes que están jugando ahí, son también tuyos?
-Si. –Contesta la chica
-¿Y no van a la escuela? Pregunta Carlos. -Se ríe la chica
-Pero no se ha enterado usted que hay pandemia y las clases son virtuales. -Contesta como burlandose la joven madre. Para continuar con su relato.
-¿Clase virtual? – se pregunta y se responde la mamá- ,Si, cuando tengo plata para ponerle crédito, pero este celular es medio viejo y no tengo computadora, ni internet y a veces ni luz, y muchas veces ni para comer.
-Y tu marido? –Pregunta Carlos
-No tengo, el padre de los niños se fue hace un tiempo y no volvió.
-¿Y tú tienes mamá?, -Pregunta Carlos.
-Sí, está ahí adelante, llevando la bandera de la agrupación. –Contesta la piba
-¿Y abuelita, tienes abuelita? -Interesado Carlos avanza con su interrogatorio
-Se quedó en la villa, ella ayuda en el merendero haciendo la comida y de paso comemos nosotros también. –La mamá se expresa como si ya hubiera naturalizado su forma de vida.
Pero también le divierte la curiosidad  de Carlos. Normalmente nadie más o menos bien vestido como Carlos, se acerca para conversar con ella y menos para hacerle alguna caricia a la bebé.
-¿Y por qué no trabajas? Consulta Carlos
-¿De qué?, ni para limpiar casa, con tres niños? ¿a dónde?. Las patronas nos ven con niños y no siquiera nos abren la puerta y la cosecha ya pasó,  y ahora vivo con la ayuda del gobierno y por eso estoy aquí. Por qué no alcanza. –Contesta con desaliento la mamá. Y agrega;
-Vengo porque me dicen que tengo que venir, no sé, yo no entiendo de eso. Me dicen, hace algo y yo lo hago con tal que no me falte la ayuda. –Finaliza la joven madre.
Pensativo Carlos se despide de la chica y junto a Sariel cruzan la calle van por Rivadavia rumbo a General Acha, pero en la perfumería que está al lado de la confitería, hay otra joven mujer con un cochecito, Carlos decide entrar con la excusa de averiguar algo y aprovecha para hacerle caras al bebé que termina riendo a carcajada. Cosa que le llama la atención de la joven madre de unos 30 años.
-Qué lindo beba –Le comenta Carlos a la madre y sigue- hay que cuidarse con esta pandemia. Menos mal que usted no trabaja. -Le afirma Carlos como para obligarla a reaccionar
-¡Si que trabajo! –le contesta la señora- lo que pasa es que trabajo en la AFIP y por la pandemia no lo hacemos en forma presencial, pero necesitaba un perfume y me hice una escapadita hasta aquí.
Y me tuve que venir con la beba por que la empleada no va por que tiene covid y a mi mamá no se la pude dejar, porque tiene audiencia. Ella trabaja en el poder Judicial. Es jueza. –Fácil de conversar, la mamá le cuenta casi sin querer lo que Carlos quería saber.
-¡Ahh claro!, y si, si no hay otra, hay que llevarse los críos con uno, porque me imagino que sus abuelitas deben estar retirada. –Se ríe Carlos para hacerse el simpático mientras seguía haciéndole caritas a la bebé que reía sin parar.
-¿Retirada mi abuela?, ¡ni ahí!, ¡no!, ella está trabajando en su joyería de aquí a la vuelta. Contesta inocente la mamá. Sariel mira con mucha intriga a Carlos, preguntándose qué busca este tipo.
– Que tenga un buen día, la felicito por su beba, muy simpática, seguro tendrá un lindo futuro. -Se despide Carlos y sale de la perfumería junto a Sariel.
-Sariel vamos a almorzar, ya son las 13. –Invita Carlos, Sariel intrigado acepta.
-De mi menú de opciones, elijo sentarme a almorzar aquí, en la Casa España, pero en la calle. ¿Te parece Sariel?
-Si por supuesto. –responde Sariel. Ya sentados ambos, Carlos dispara con su pregunta
-Decime Sariel, la libertad es un derecho a un montón de cosas, es también la libertad para elegir entre opciones… pero podemos decir que todos tenemos un menú de opciones, grandes por supuesto, muy grande a lo largo de toda nuestra vida.
…Pero me pregunto
La bebé de la señora del barrio va a tener muchas opciones, y la bebé de la señora de la perfumería también va a tener muchas opciones. Pero la bebé de la mamá del barrio sería la cuarta generación de pobres en esa familia, pobreza económica y pobreza intelectual y cultural y la bebé de la mamá de la perfumería también sería la cuarta generación de una familia clase media acomodada. Que se supone que son instruidos y cultos.
Es como que siento que el menú de opciones con las que llegamos al mundo son como las hojas de un árbol muy grande, y la calidad de esas opciones tiene que ver con las raíces de ese árbol.
Las hojas podrán cambiar cada año, pero siempre serán el mismo tipo y calidad de hojas.
Las dos bebas nacen libres para elegir, pero sus opciones son de calidades diferentes, por que vienen de raíces profundas diferentes.
Y como insistes, que se es libre para elegir, y lo que eliges son opciones, y si tus raíces te imponen calidades de opciones diferentes, la libertad es también de calidad diferente para cada uno de nosotros.
-Qué piensas Sariel?- Pregunta Carlos
-¿Tú crees que te falta mucho para recuperar tu memoria?.- Ríe Sariel y ríe Carlos, pero la pregunta jode. Sariel busca una forma simple para responder, pero no la hay.

Movilidad social ascendente y descendente

-Creo que tienes razón en algunas cosas, como que el mundo ya está hecho, si es que lo miras desde tu perspectiva temporal de vida te diré que sí.
Pero en un periodo de tiempo más grande, por ejemplo, desde la época presocrática, hace uno 2500 años, algo se ha avanzado, no mucho en muchas cosas, pero algo sí, y no hablo de lo tecnológico, si no de lo humano.
La ilustración de este escrito sirve y mucho para mostrar lo que te quiero contar.
Desde Lo Alto, la pintura de Estela Milán, te muestra la síntesis del mundo como es.
Si miras las cuevas en el peñón, ahí  tendrás a los que viven casi sin opciones, en el nivel más bajo, excepto por la escalera, que los puede llevar hasta donde se ven las casitas con techos de chapa, pero al lado del precipicio.
En esas casitas, se encuentran los trabajadores con algún oficio. Quiero decir con algún tipo de trabajo.
Más atrás y un poco más alejado del barranco se encuentran otras construcciones, un poco más elaboradas y elevadas, donde podrían encontrarse los trabajadores con profesión, comerciantes y algunos industriales. Y al fondo se encuentran los grandes rascacielos donde viven las élites.
Desde las cuevas puedes ascender al grupo superior por la escalera donde la artista, por algo, puso una sola persona en ella. Los habitantes de las casitas en la orilla, pueden aspirar a ascender por la misma escalera, pero si descienden lo hacen en caída libre por el peñasco.
Los de mas atras, los profesionales, aspiran a ascender, pero si caen, posiblemente contarán con alguna red protección que los soporte en su fracaso.
Ascender socialmente es muchisimo mas dificil para cualquier jerarquía que descender. Y son muchos los que descienden, por que son muchas las variables que participan en la generación de su confort.
No obstante te diré,  que siempre hay opciones para mejorar y ascender en lo social. -Responde Sariel para agregar
-Eso dependerá de muchos factores más, donde el esfuerzo personal que debe hacer alguien de los barrios para cambiar su menú de opciones es muy muy grande comparado con el que ya está en niveles superiores.
Lo mismo le sucede al que está en posición más confortables y quiera llegar a las posiciones de élite. Nada más que los dramas humanos, son abismalmente diferentes entre una posición y la inferior como muestra la pintura en “Lo Alto”.
La persona de los barrios, tendrá la tarea más difícil de todas, romper, con su círculo cultural, familiar, romper con su entorno, tendrá que contar con políticas públicas que le acerquen opciones a las que pueda aferrarse, y lograr su movilidad social ascendente. Es decir, sería como si un tronquito de tu árbol fuera injertado en otro  árbol con mejores opciones. Casi como que se le podría decir “el elegido
Por supuesto, la bebé de la mamá de barrio tiene baja calidad de opciones comparado con la bebé de la mamá de la perfumería.
-¿Muchos lo logran? -Pregunta compungido Carlos.
– Muchos si lo logran, pero son muchísimos más los que ni siquiera lo sueñan.
-¿Y qué hacen los que ni siquiera lo sueñan? -Pregunta Carlos
-Deberán esperar a futuras a generaciones, tal vez algunos de ellos en algún tiempo, pueda lograrlo y romper con con su historia y su suerte. -Contesa Sariel y agrega.  -Algunos gobiernos se preocupan de que por lo menos coman, y otros, ni eso.
Pero también, hace 2500 años que se viene filosofando sobre esto, pero todavía no cuaja una solución.
¿Pero sabes otra cosa Carlos?, la calidad de las opciones también depende de otras convenciones sociales que son transversales a todos como, la estética, si es lindo o si es feo, si es alto o si es bajo, si es gordo o si es flaco. Depende de la sexualidad, si es hombre, mujer, gay trans u otros, de la raza y de donde vivas, si es negro, blanco, latino, asiático, etc. No es lo mismo un negro en EEUU, que en Europa. Si sos inmigrante o no.
Y también hasta la naturaleza participa, me voy a cansar de darte causales por lo que la calidad de las opciones son diferentes para cada uno, la genética y la congenitalidad y el cambio climático, por ejemplo. –Afirma Sariel
-¡Y aun así puedes sostener que somos esencialmente libres para elegir nuestras opciones?. -Pregunta Carlos
-Así es amigo, en lo teórico al menos, como dicen todos los manuales de filosofía- responde Sariel. –Con libertades y opciones de calidades diferentes, como dices tú, amigo –Responde algo extenuado Sariel para continuar.
-En la diaria, en la corta, me quedo con la lógica de Descartes para sobrevivir. -Reflexiona Sariel
-Me parece que no me han dejado ni un resquicio de libertad. -Piensa Carlos en voz alta
-Amigo, no está ni bien ni mal, es lo que hay.
Y para cambiar de tema pregunta, pregunta Sariel
-Al menos en tu casa ya abras encajado
-Me parece que no viejo, creo que mi metro cuadrado no es mío. -Ríe Carlos- tengo que elegir y tomar una decisión, la mujer que dice que es mi esposa, me dijo que esta noche debía acostarme temprano en la misma cama que ella, porque mañana ella trabaja.
-¿Y cuál es el problema?, ¿que?, ¿tampoco te acuerdas como?- Pregunta Sariel riendo a carcajada
-No se si me acuerdo, pero se que no quiero.
…Me parece que me gusta Luisa, la chica del trabajo.
-¡A joder con el huevón este!.-Se levanta ofuscado Sariel y se va
-Mozo, ¿me trae la cuenta por favor?. –Pide Carlos
-Sírvase señor, su cuenta. – Dice el mozo
-¿Tan poco sale el menú para dos personas?.
Perdón, usted almorzó solo señor. –Le contesta el mozo
Por José Pepe Alvarez

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