Otro sábado en la ciudad, Ricardo, Victoria y Víctor se juntan con José a compartir su café en el bar de la Rivadavia y Mendoza. Víctor, les avisa que más tarde se sumaría el Turco Alfredo. Un amigo que hace mucho tiempo no veían.
Ricardo, que se radicó definitivamente en San Juan, no se pierde ni una juntada con sus amigos. Le gustan los debates que se arman.
-Sigo embolada con la designación en el juzgado, de la mina esa, que no sabe nada de nada. Lo único que tiene son “antecedentes”, ustedes me entienden, si, esos “antecedentes”. –Victoria no termina de asumir, que no fue elegida por la legislatura para ocupar el cargo de jueza.
-Y qué quieres, ¿Viste? Todos los diputados son cabezas de termos, porque si no, no llegan. –Afirma Ricardo con su tono de sanjuanino aporteñeado.
-Bueno pero no son todos así. –Víctor, trata de evitar que se generalice la calificación a todos los diputados. El supo tener actividad política partidaria en algún momento. Y agrega
-Es que si generalizamos no queda nadie, y el problema es que todos critican, pero nadie se mete al barro para conducir nada, ni uniones vecinales ni gobiernos. Y llegan los que llegan, y miran los que miran, y critican los que miran y critican. –Cuestiona con fuerza Víctor, la influencia porteña de la que es afectado Ricardo.
El turco Alfredo, que se terminaba de acomodar en la mesa, y tiene un particular humor acompañado de risa contagiosa. Pregunta de qué se trata el tema, al que Victoria lo introduce y Alfredo también opina
-El que llega, es porque está acomodado o porque es corrupto, así son todos los que están “arriba”. –Afirma Alfredo y agrega. –Yo no soy nada de eso, y aquí me ves yugando todos los días, pagando impuestos cuando me sobra y me acuerdo.- Lanza su carcajada, consciente de su propia ironía, pero también de su propia realidad hipócrita.
-Es muy difícil progresar en esta provincia, es muy chata. –Victoria crítica.
Ricardo haciendo pie en lo que dijo Alfredo y Victoria, dice;
-¡Si!, allá en Buenos Aires, no sabes cómo es, el que no corre vuela, y ya casi nadie corre. –Ríe Ricardo y agrega, -Yo hago la mía, porque si no te pasan por arriba. –Tuve que pelearme mal con una chabóna de la competencia, que pretendió ganarme la licitación de unos equipos.
Ella entra y sale de las oficinas de los funcionarios cuando se le da la gana, ¿viste?, es mina. A mí no me recibieron nunca. –Se ofusca Ricardo
-¿Y que paso con la licitación? – Pregunta Alfredo
– Y la perdí huevón. ¿Qué quieres que haga?, así no se puede competir. –Contesta Ricardo
-Decime Ricardo, ¿la calidad y los precios de lo que ofreciste?, Están bien….digo, ¿son competitivos?
-Si, como todos, algunos un poco más arriba, otros un poco más abajo, pero es la mina que se gana todas las licitaciones, bueno, casi todas.
-Pero asignas una cuestión de género al concurso, ¿es así? -Vuelve a preguntar Víctor.
-No sé, qué se yo, nunca vi al funcionario o funcionaria, no sé. Pero es lo mismo. Si es funcionaria, entre las mujeres se entienden, y si es hombre, el hombre piensa con otra cosa. Siempre pierdes.
–Haciendo ademanes ampuloso y abriendo los ojos grandes contesta Ricardo. Alfredo se ríe, y Víctor mueve la cabeza de un lado a otro llevando su mano izquierda a la cabeza, moviéndola de un lado a otro, como no pudiendo creer lo que acababa de escuchar.
-Sos un machirulo Ricardo, no puedes hablar así de las mujeres solo porque no puedes ganar una licitación –Interviene Victoria molesta y en defensa de su género.
-Sos una incoherente Victoria, vos misma terminas de decir que quien ganó la terna en diputados es una mujer, acusándondola de tener “antecedentes”, que todos sabemos lo que has querido decir. –Se defiende Ricardo
-Paren chicos, se están desconociendo, no hemos juntado a pasarla bien y compartir un café. No jodan con discusiones que no llevan a ningún lado. –Pone un freno Alfredo y agrega. Porque si seguimos levantando la voz, ahí a 50 metros está la Federal, y vamos a ir en cana todos.
-Todos festejan y agradecen el parate de Alfredo. Se distiende un poco el ambiente y todos reacomodan su posición.
Víctor, se dirige a todos menos a José, que aún no ha hablado;
-¿Se han dado cuenta de lo que están discutiendo?
¡Escu-chen-sen!, -lo dice acentuando su error para llamar la atención- han discutido a todos los diputados, a la piba que ganó una licitación y a una abogada que ganó un concurso de jueza.
De una forma u otra, han discutidos a los que son ganadores.
Es como que no se bancan al que sobresale. Y lo hacen en forma consciente o inconsciente o por que repiten un slogan, para el caso de los diputados, y funcionarios -Señala José.
-Es cierto –Afirma El Turco- O acaso, aquí, todos nosotros, no hemos ganado algo alguna vez, o hemos conseguidos cosas por nuestro propios méritos, o incluso, hasta por nuestra suerte, que también interviene en nuestra vida. No sé, estar en el lugar y a la hora precisa a veces, o equivocadas otras.
-Sí, pero es una injusticia -Lo mío también- Insisten Ricardo y Victoria. – Parecen el dúo Pimpinela estos dos–Señala Alfredo y vuelve a reír.
-Y a vos ¿Qué te pasa que estas como mate lavado? –Pregunta Alfredo a José
-Déjame que encuentre el stiker .-Responde José, mientras consulta algo en su celular
-Aquí está, -dice José-, se llama Procusto, -¿les cuento un cuento, que viene a cuento?.- Pregunta José. Todos asienten
“En la mitología griega, Procusto era un posadero que tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a descansar en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas de la cama.
Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. Nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una exageradamente larga y otra exageradamente corta, o bien una de longitud ajustable.
La paradoja es que un día Procusto fue tomado prisionero y se lo sometió a que encajara en las medidas de su propia cama.
¿Y adivinen que paso?. No dio su propia medida y le cortaron la cabeza y los pies“.
-Se entiende ahora lo que está pasando en esta discusión de mesa de café?.- Pregunta José
Víctor que había estado googleando, a Procusto, pide la palabra para leer un textual de su celular
-Escuchen, don Google dice que se trata del Síndrome de Procusto que habla de la incapacidad para reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesional o personalmente por otros, la envidia… todo ello nos puede llevar a eludir responsabilidades, tomar malas decisiones y frenar las iniciativas, aportaciones e ideas de aquellos que pueden dejarnos en evidencia y bla bla bla. Finaliza Víctor
-Entonces, quiere decir que de alguna forma, todos de vez en cuando, somos el posadero Procusto y llevamos a nuestra cama a alguien solo para comprobar que no le dan sus medidas. -Aporta Alfredo
-El tema de las medidas de la cama, es en realidad una metáfora, porque las medidas pueden ser cualquier cosa, como métricas, éticas, morales, profesionales, sociales, de razas, políticas, religión. En fin, cualquier cosa que nos haga diferentes. -Afirma Victoria
-Pero no solo eso, la cama es ajustable a la necesidad del posadero Procusto, con lo cual el mito te habla también de un personalidad particular del posadero, todo está mirado desde su propia perspectiva, desde su propio interés y su propia conveniencia y según sus circunstancias.
-Sí, y a veces ni el mismo Procusto entra dentro de sus propios estándares. -Concluye Ricardo
-Así es, los tres tienen razón. –afirma José y aquí están los tres ejes de cualquier polémica de café, de la política, de los canales de televisión, de las discusiones de grietas, de las cosas que nos dividen, de todo fenómeno que puedan observar con atención y medir desde mi propia perspectiva.
El primer eje, nadie da la medida de mi cama, a no ser que se ajuste a mi necesidades y conveniencia y mis circunstancias.
El segundo eje, es que cada uno puede ser medido, según los valores o virtudes que me sean convenientes, según el momento y las circunstancias.
Y el tercer eje, es que no estoy seguro de que yo mismo, pueda dar las medidas de mi propia cama, pero les exijo a los demás, que la den. –Concluye José.
-El problema es que muchas veces, lo hacemos sin darnos cuenta. –Se defiende Alfredo
-Si, sucede todo el tiempo, en nuestra casa, sucede mucho en las oficinas de trabajo –Apoya Víctor y continua. – Les afecta emocionalmente cuando otra persona tiene razón y ellos no.
Creen que son empáticos pero, en realidad, juzgan desde su egocentrismo las reacciones de otros.
-Si en la oficina, suelen hablar de trabajo en equipo, escuchar, tolerancia, intercambio de idea… pero siempre como argumentos para ser escuchados, no para escuchar.
Hay que detectar estos tipos de personalidades y armar alguna estrategia para protegerse de ellos, porque también hay que convivir con ellos. –Concluye Victoria.
-Sí, pero también los hay quienes son consciente de lo que hacen, los que tienen miedo de conocer a personas a las que les va bien, son proactivas, tienes más conocimientos, capacidades o iniciativas que ellos. Si lo encuentran, les invade una sensación de desconfianza y malestar.
Enfocan sus energías en limitar las capacidades, creatividad e iniciativa de otros para que no queden en evidencia sus propias carencias.
Son capaces de modificar su posición inicial si, con ello, deslegitiman al otro.
Suelen buscar la complicidad de otros para, entre todos, acabar con aquel que destaque más.
En política, la deslegitimación es el ejemplo consciente más cruento que podemos encontrar, con un apoyo económico, opinadores, medios de comunicación, que se yo, lo que sea que venga bien, que permita destruir al adversario, que en estos tiempos, se ha convertido en enemigo -Complementa Victor.
-Con lo aportado por Víctor y Victoria, nos lleva a determinar que nos encontramos no solo antes una afectación individual, sino que también el síndrome se vuelve social.
Y volvemos a comparar, una sociedad con otra. El ejemplo lo tenemos en nuestras narices, si los refugiados son blancos, dan una medida y si son africanos o latinos, dan otra medida. –Cierra José
-En definitiva, todos, como individuos o como sociedad, hemos sido llevados o hemos llevado a alguien, a la cama de Procusto en algún momento. -Define Victoria
Decime José, ¿te han llevado a la cama últimamente?. –Pregunta Victoria con picardía
-¿Qué?, ¿también se usa el síndrome para las cuestiones parejas? –Pregunta Alfredo
-Sí, incluso para las matemáticas, “el análisis de Procusto”, en la informática como “la cadena procusteana” y en medicina y psiquiatría también. Lo dice Wikipedia. -Afirma Víctor, mientras exhibe su celular.
-Te contesto Victoria. -José le habla. -Si, una posadera me llevó a su cama de Procusto, pero mis medidas confusas de inteligencia y no sé qué otra cosa, fue el diagnóstico, no dieron con sus estándares.
-Ríe con fuerza Ricardo, abre muy grande los ojos, se para de la mesa, abre sus brazos y gira sobre sí mismo, se le acerca a José y le grita en la cara mientras ríe a carcajada –¡Te colgaron por el chisito huevón¡. –Todos festejan la sobreactuada humorada de Ricardo.
¿Y que te dijeron cuando te colgaron?, seguro que fue algunas de la fórmulas, “No soy buena para vos?, jajajajaja. -Ríe bulon Ricardo. -O ya vas a encontrar a alguien que te merezca más? .- Ríe el Turco Sosa.
-Si son fórmulas que también usamos nosotros para desprendernos del plomo. -Ríen todos por un largo rato. – Te dijeron plomo y no te has dado cuenta, o lo que es pero, no lo aceptas.
– ¿Y vos, que hiciste? –Insiste Victoria muy cerca de José como para que le hable a ella en confidencia.
-La lleve también a ella a mi cama de Procusto y sus medidas tampoco le dieron.
Pero hay una cosa, jamás les revelaré lo que medí, por que esta en MI ámbito privado más profundo, y tengo la esperanza de que algun dia pueda revertirse. Así que por respeto a mi, no me insitan con el tema.
-Pobre José, otra vez te equivocaste y otra vez estás pensando en perder el tiempo, cuando ya no te queda mucho. Sigues con tus quimeras. -Lo mira con cariño Victoria y le toma la mano acariciándole los dedos.
Los otros tres, se dan cuenta del diálogo de la manos de Victoria y José, se miran entre ellos, nadie sabe de qué se trata, lo sospechan, pero nadie se atreve a decir nada, ambos son hermanos, amigos muy queridos y respetadísimos por todos. Disimulan y…
-Y como terminó la cosa –pregunta Alfredo
-Se termina, como se termina todo, ninguno midió y cada uno a su pasado, y a repasar sus propios errores.
Ya se presentaran otras circunstancias, en otros tiempos, que permitirán crecer. -Contesta José
-De un grupo de joven sentado en la mesa de al lado, que seguían la conversación, uno de ellos, le pregunta al grupo;
-¿Que puede hacer este lenteja para llevar a su chica a la cama, pero no a la de Procusto, sino a la otra, a la alcahueta?
– La risa se generalizó por el chiste del desconocido, se levantaron, cado uno pagó lo suyo y se fueron.
– Pero José se devuelve y les propone a todos; -Ejercicios para la casa, cada uno de ustedes identifiquen a su Procusto en sus casa y en sus trabajos … y ojo, no se excluyan. Lo chalamos el próximo sábado. ¿Les parece?
Por José Pepe Alvarez
Ilustración: ¿Y tu quien eres?, de la Artista plástica Isabel Fernández
Técnica: Manchas de acrílicos y delineados formal con marcador
Mis hijas presentes, y el hijo que no vuelve Recuerdos de familia, historias de barrio. Anécdotas…
Dedicado a mis amigos/as de la infancia, a los de toda la vida, a los…
Como casi todos los sabados, José y sus amigos se juntan en el café, frente…
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